Cuando en mayo de 2023 Ted Lasso se subió al avión de regreso a Kansas para reencontrarse con su hijo, todo indicaba que la historia estaba cerrada. Tres temporadas, una pila de premios Emmy, un club ficticio —el AFC Richmond— convertido en fenómeno cultural y un final redondo. Pero en el universo de la serie más querida de Apple TV+ rige un mandamiento que sus fans conocen de memoria: “Believe” (creer). Y los que creyeron tuvieron razón: este miércoles, contra todo pronóstico, Ted Lasso vuelve con su cuarta temporada.
Serán diez episodios, uno por semana, hasta el cierre del 7 de octubre. Y el regreso trae un volantazo argumental: Ted (Jason Sudeikis) deja el fútbol masculino para hacerse cargo del flamante equipo femenino del Richmond, que compite en la segunda división inglesa. La nueva etapa arranca, justamente, cuando Rebecca Welton (Hannah Waddingham), Keeley Jones (Juno Temple) y el entrañable Higgins viajan hasta el nuevo hogar del entrenador para proponerle el desafío.
En la rueda de prensa de presentación, Sudeikis explicó que volver después de un final tan cerrado se parece bastante a la filosofía de su personaje: la de saltar sin mirar. Aunque Ted regresa al mismo club de siempre, dirigir a un plantel femenino representa, en sus palabras, “un mundo completamente nuevo para él”.
Viejas caras, nuevas jugadoras
Además de Sudeikis, vuelven los pilares de la serie: Waddingham como la dueña del club, Temple como la reina del marketing deportivo, Brett Goldstein como el gruñón adorable Roy Kent, Brendan Hunt como el Coach Beard y Jeremy Swift como Higgins. La gran novedad pasa por el vestuario femenino: se suman Tanya Reynolds (“Sex Education”) como Alice Chilton, la asistente técnica malhumorada que oficiará de contracara del optimismo lassiano, y Jude Mack, Faye Marsay y Abbie Hern como parte del plantel, entre otras incorporaciones. Hay, también, un recambio sensible: Grant Feely reemplaza a Gus Turner como Henry, el hijo de Ted, que ganará protagonismo dentro de la cancha.
La temporada no esquiva el costado político de su premisa. La serie repasa las adversidades que atraviesan las futbolistas —menos recursos que sus pares varones, exclusión de las decisiones, invisibilización— y mete el dedo en la llaga incluso con sus propios personajes: Waddingham adelantó que Rebecca, que se considera feminista, deberá revisar cuánto hay de real en esa autopercepción cuando Alice la confronte por el lugar de las mujeres en los puestos de mando de su empresa. Temple, por su parte, celebró que el tema se aborde con gracia y sin espíritu de ataque, porque —sostuvo— en esta época la gente no escucha cuando se la agrede con ideas. Marsay definió a la serie como una buena plataforma para visibilizar los problemas del deporte femenino con elegancia, y Mack destacó que a las jugadoras se les permitió ser ruidosas, arrogantes y desprolijas en pantalla, sin la obligación de ser bonitas. El elenco no oculta la expectativa de que la temporada empuje el interés del público de cara al Mundial femenino de Brasil 2027.
Una pieza del plan maestro
Ahora bien: el regreso de Ted Lasso no es solo una decisión artística. Es una ficha más en el tablero de una estrategia que Apple viene desplegando con paciencia de relojero: instalar el fútbol —el de verdad, el que acá no necesita aclaración— en Estados Unidos. La misma plataforma que produce la serie firmó con la MLS un contrato de diez años y 2.500 millones de dólares por los derechos globales de la liga, su primera gran apuesta deportiva. Y cuando Lionel Messi eligió Inter Miami en 2023, Apple fue parte del paquete: el contrato del rosarino incluye una participación en los ingresos por las nuevas suscripciones al MLS Season Pass, el servicio de streaming de la liga. Es decir: la empresa que inventó al entrenador ficticio más famoso del mundo también puso plata para que el mejor futbolista real del planeta juegue en Florida.
El operativo seducción se completa con los torneos: el Mundial de Clubes 2025 se disputó en Estados Unidos, y hace apenas dos semanas terminó allí —con México y Canadá como cosedes— la Copa del Mundo 2026, esa cuya final en el MetLife Stadium los argentinos preferimos no recordar demasiado. ¿Por qué tanto empeño en un país que históricamente le dio la espalda al “soccer”? La respuesta es simple: es el mercado deportivo más rico del mundo, con un público joven e hispano en crecimiento, y el último gran territorio que al fútbol le queda por conquistar. Para las plataformas, además, el fútbol es la llave de entrada a audiencias globales; para el fútbol, Estados Unidos es la promesa de sponsors, abonos y dólares que ninguna otra frontera puede ofrecer.
El círculo se cierra
Lo curioso es que, mirado con perspectiva, el regreso de Ted Lasso es inesperado pero no tanto. Porque el personaje nació, precisamente, como herramienta de marketing futbolero: Sudeikis lo creó en 2013 para una serie de sketches publicitarios de NBC Sports, pensados para promocionar la llegada de la Premier League a la televisión estadounidense. Aquel entrenador de fútbol americano que no entendía qué era un empate ni por qué los partidos podían terminar sin ganador era, en el fondo, un espejo cómico del propio público norteamericano al que había que evangelizar.
Una década después, la criatura superó largamente a la publicidad que le dio origen: se convirtió en la serie más premiada de Apple, en un fenómeno de época y hasta en objeto de estudio sobre liderazgo y salud mental. Pero su misión, en esencia, sigue siendo la misma de aquellos sketches: que Estados Unidos se enamore del fútbol. Ted Lasso empezó vendiendo la Premier League y hoy es la cara amable de un desembarco que incluye a Messi, dos Mundiales y miles de millones de dólares.
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