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Tiene 12 años, vive en La Plata y ya conquistó los concursos literarios de España

Con la historia de una tarde inolvidable junto a una bisabuela de papel, se alzó con el primer puesto en Bilbao compitiendo de igual a igual en una antología dominada por adultos

La platense de 12 años, María Victoria Brown

La primera vez que mandó un cuento a un concurso del exterior tenía ocho años. Era un certamen español. Lo gané. Desde entonces no paró: más de veinte premios en concursos nacionales e internacionales, publicaciones en antologías de España, Argentina y México, y el último logro —todavía fresco, con la tinta de la antología recién salida— el primer premio en el Concurso de Cuentos Infantiles sin Fronteras de Otxarkoaga, en Bilbao. María Victoria Brown tiene doce años, vive en La Plata y ya lleva más publicaciones en España que en su país.

Eso, justamente, es lo que le llama la atención. No con resentimiento ni con nostalgia, sino con la lucidez un poco desconcertante de alguien que lleva años navegando un sistema que no fue pensado para ella. “En Argentina la gran mayoría de las convocatorias son para mayores de dieciocho años”, dice. “En otros países hay más concursos y aceptan más participación infantil”. Para encontrar certámenes a los que pueda aplicar, revisa periódicamente escritores.org, una página de habla hispana que reúne convocatorias literarias. Fue ahí donde encontró el de Otxarkoaga. Fue ahí donde encontré a varios de los otros. A veces son los profesores del colegio, familiares o amigos a quienes le avisan. Pero la búsqueda sistemática, la de rastrear en internet los pocos espacios que reciben a menores, es suya. No hay en esa actitud ningún exceso de ambición ni ninguna presión externa visible: es más bien la de alguien que escribe con constancia, que acumula cuentos y que necesita lectores. Los concursos funcionaron, desde el principio, como estímulo. “Antes de ganar el primero, a los ocho años, pensaba que lo que escribía era malo y que no le iba a interesar a nadie”, le cuenta a EL DIA.

El mapa que armó a lo largo de cuatro años de participación internacional incluye, sin exotismo ni asombro performático, a Alcañiz, Rubí, Constantí, Encinas Reales, Carcabuey. Pueblos de España cuyas convocatorias rastreó en internet y donde sus cuentos llegaron antes que ella. También un certamen en Cancún, publicaciones en revistas literarias del Bajo Aragón y premios en Buenos Aires, Santa Fe y Tucumán. El recorrido traza la geografía particular de alguien que escribe con seriedad desde los seis años y que aprendió rápido que la literatura infantil de calidad no reconoce fronteras.

El cuento que la llevó a Bilbao se llama “El cumpleaños de Maru” y narra, en primera persona, la visita de una niña al cumpleaños número cien de su bisabuela. No hay en él sentimentalismo de ocasión ni lección servida en bandeja. Hay una bisabuela con ellabial corrido por las lágrimas, manos que tiemblan sobre la servilleta de tela, un pastillero con una decena de medicamentos separados sobre la mesa del almuerzo. Y hay también una tarde que se estira —entre ravioles con tuco, Chinchón apostado con bragas gigantes como moneda de cambio y una coreografía improvisada sobre el tema de Dennis que termina con ancianos, bastones y sillas de ruedas bailando en el salón de fiestas— hasta que los padres avisan que es hora de irse. Victoria abraza a Maru. Siente su cuerpo huesudo. Se promete volver para aprovechar el tiempo que les queda. El cuento cierra ahí, sin resolución dramática, con esa levedad que es la marca de los buenos relatos de infancia: las cosas importantes ocurren entre líneas.

Brown tiene 12 años, vive en La Plata y ya lleva más publicaciones en España que en su país

Lo escribió sin tener una bisabuela. “Siempre quise tener una”, explica, “pero no llegué a conocer a ninguna. Entonces se me ocurrió inventar una historia en la que la tenía y podía compartir una tarde con ella”. Tomó anécdotas que le habían contado sobre sus bisabuelas, armó el personaje, lo habitó por unos días. El resultado es una Maru que existe, con su cuerpo frágil pero que desea seguir bailando. Es una bisabuela de papel que se siente real porque fue construida desde la necesidad de tenerla. Así trabaja Victoria: primero mastica la idea, la deja asentarse, busca papel, escribe. Después relee, corrige, pasa en limpio. Luego lo lee de nuevo, ve si puede arreglar algo más y, si no, empieza otro cuento o descansa un rato. No concibió “El cumple de Maru” para ese concurso específicamente. Lo tenía guardado del año anterior. Lo mandó porque encajaba.

En la antología del certamen bilbaíno, algo le llama especialmente la atención: de todos los cuentos reunidos, solo dos fueron escritos por menores de edad. El suyo y el de un chico español de catorce años. El resto, adultos. “El concurso no tenía categoría infantil ni restricción etaria: era, simplemente, cuentos para niños escritos por quien quisiera”, cuenta. Que ella haya ganado en esas condiciones, compitiendo en igualdad de términos con escritores formados, dice algo sobre su escritura que ningún galardón juvenil podría decir con la misma contundencia.

La lectura cruzada de textos de chicos y chicas de distintos países también la interpela. Está leyendo los cuentos de la antología y observa que los escritores españoles de su edad “escriben muy bien, tienen mucho estímulo y son muy creativos”. No nota diferencias sustanciales en los temas: todos rozan lo universal. “Lo que sí cambia es el vocabulario, a veces hay palabras que no las entiendo y las tengo que buscar en internet o en un diccionario y en otros casos están escritos en catalán [o euskera] y directamente no entiendo nada”, bromea. Esa distancia lingüística no le resulta un obstáculo sino una curiosidad: le parece natural que la literatura infantil en español, cuando se lee desde ambos lados del Atlántico, revele sus costuras regionales mientras sostiene algo en común.

En Argentina, la trayectoria tiene otros tonos. En agosto de 2025, con una vez años, fue nombrada socia honoraria de la SADE filial La Plata, convirtiéndose en la persona más joven en obtener ese reconocimiento en la historia de la institución. Ese mismo año había presentado su primer libro, “Historias de mi Universo”, en la Feria del Libro Infantil y Juvenil de Buenos Aires y en la Feria Iberoamericana de Chaco; en 2026 lo llevó a la Feria Internacional de Buenos Aires. Es columnista invitada de un segmento literario en una radio local y madrina de la Sociedad de Pequeños Escritores de la SADE platense, una comisión creada para estimular la escritura y lectura en niños de la ciudad. Ese rol no es menor para ella: entre las cosas que más la conmovieron después de publicar su libro están los lectores que se le acercaron a decirle que los había inspirado a escribir, y varios que efectivamente lo hicieron. "Me dio mucha ternura la hija de una amiga de mis papás, que debe tener unos 6 años, a la que le leyeron un cuento mío, el único del libro que es para su edad, y ella motivada se puso a escribir sobre el mismo tema. Cuando me cuentan esas cosas pienso que realmente todo el esfuerzo valió la pena", recuerda.

Lo que sostiene todo eso —los premios, los viajes, los micrófonos, la madrina de escritores infantiles— tiene una raíz más antigua y más íntima. Empezó a escribir a los seis años, después de la muerte de su abuelo, por consejo de su maestra de jardín Kari. “En ese momento hacerlo me ayudó mucho a enfrentar el duelo”, recuerda. Su primer libro está prácticamente dedicado a él. Pero la escritura fue mutando: ya no escribe solo por él, sino sobre lo que la inquieta o la preocupación. “Es casi como una terapia que me ayuda a intentar encontrarle posibles soluciones a lo que me es doloroso”. También guarda en la memoria una frase de un libro del escritor español Eloy Moreno, uno de sus favoritos hoy, que le leyeron cuando era chica, en las instrucciones de uso para niños: cuando entiendan el mundo, inténtenlo cambiar. "A mí me pareció maravilloso y me quedó grabado. Por eso también escribo para intentar cambiar un poco el mundo. Sé que lo que puedo aportar es muy poco, pero siempre es mejor algo que nada".

“En Argentina la gran mayoría de las convocatorias son para mayores de dieciocho años”

Tiene dieciséis cuentos escritos. Le faltan cuatro para llegar a los veinte. Cuando los tenga, planea publicar un segundo libro. Esta vez, comenta, no pretendo quedar bien: lo dice porque tiene el cuaderno, porque tiene los cuentos en proceso y porque —aunque dice que sigue sin querer creérsela— ya piensa, a veces, que algún día le gustaría ser una buena escritora y poder vivir de eso.

CONCURSO DE CUENTOS INFANTILES SIN FRONTERAS DE OTXARKOAGA – BILBAO
JULIA NAVARRO
378 cuentos de 25 países
Editorial: Asociación Txirula Kultur Taldea de Otxarkoaga, Bilbao (España) - Librerías de Elkar
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