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Un maestro que también dejó su huella en las inferiores del Lobo

miguel ignomiriello

Por Redacción

A pesar de ser un hombre vinculado indisolublemente a Estudiantes, Miguel Ignomiriello comenzó su carrera en Gimnasia. Y no solo tuvo participación en las inferiores -como se las denominaba en aquel tiempo- sino que cumplió la doble función de entrenador y preparador físico del plantel superior en el inicio del campeonato de 1957.

Con solo 16 años se vinculó a Gimnasia. Deportista apasionado -jugador de rugby por aquellos tiempos-, organizador nato, Ignomiriello colaboraba en el armado de Wanderers, el equipo de sus amigos (donde era un rudimentario marcador central), en los desafíos informales que se organizaban en los potreros. Allí lo descubrió Anibal Díaz, un seleccionador que luego lo llevaría a Arsenal de Llavallol, y lo invitó a trabajar en Gimnasia en la formación y dirección de juveniles. No había sueldo, pero -a cambio de un carnet para entrar a la cancha armó una Pre-novena para el Lobo, grupo del que saldrían futuros campeones de Octava, Quinta, Cuarta y Tercera.

Mientras tanto, Ignomiriello trabajaba de lo que podía (fue vendedor de choclos en la calle, obrero en Ducilo, administrativo en Vialidad Nacional) a la vez que lograba terminar el colegio secundario de noche. Cuando se habilitó un curso de preparación física, en 1950, se anotó. Por entonces, era el todoterreno de la Tercera de Gimnasia: delegado, preparador físico y técnico. “La Tercera campeona de 1950 fue la primera vez que un equipo de la ciudad se consagraba en esa categoría”, recordaría muchos años después.

Ya en 1953, mientras trabajaba como profesor de educación física en las Hermanas Mercedarias de Magdalena, hizo el curso de director técnico en Buenos Aires. Y su estreno del título en una Primera División sería en Gimnasia en 1957.

En el inicio del campeonato del ‘57, Ignomiriello era el delegado general de las divisiones inferiores triperas pero debió dar una mano en el inicio del certamen en la doble función de técnico y preparador físico del equipo principal, cargo al que renunció en la previa de la sexta fecha, un partido que igual dirigió en la cancha de Independiente que fue empate 1 a 1 ante el Rojo. Ese año ya estaban en primera algunos jóvenes que años después le darían forma a la gran campaña del Lobo del ‘62 tales los casos de Diego Bayo, Pedro Galeano y José Marinovich. Luego de esa sexta fecha fue reemplazado en el cargo por Roberto Avallay y Francisco Varallo terminó el año a cargo del equipo.

Si su presencia en el fútbol juvenil tripero, esos seis partidos al frente de Gimansia fueron el puntapié inicial para el trabajo del patriarca de los técnicos argentinos al frente de más de una veintena de clubes y selecciones.

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