Lazzarini calilazzarini@gmail.com
Genera casi un tercio de la riqueza nacional y concentra el 38% de la población. Sin embargo, recibe un 40% menos por habitante que el promedio del país y no obtuvo un solo peso de ATN durante el primer semestre de 2026. El Gobierno nacional asfixia al motor productivo del país y perjudica a millones de bonaerenses.
La Argentina tiene una paradoja difícil de sostener. Se podría decir, a esta altura, insoportable. Su principal motor productivo es también el territorio más perjudicado en el reparto federal. No se trata solamente de una discusión entre gobiernos ni de una distorsión contable. Los recursos que Buenos Aires deja de recibir impacta sobre la vida de millones de bonaerenses.
Los datos del primer semestre de 2026 son alarmantes y permiten dimensionar esa desigualdad. La provincia concentra al 38,19% de la población argentina y genera el 32,53% del producto nacional. Sin embargo, recibió apenas el 22,95% de las transferencias realizadas a las provincias y a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
La brecha
En valores absolutos, aparece como la jurisdicción que más fondos recibe. Pero ese dato, presentado de manera aislada, oculta una realidad que duele. La desigualdad aparece cuando los recursos se dividen por la cantidad de habitantes.
Así, entre enero y junio, cada bonaerense recibió aproximadamente 483 mil pesos en transferencias nacionales, mientras que el promedio del país superó los 804 mil. En otras palabras, significa que recibió casi un 40% menos que el promedio nacional.
Otra comparación permite comprender la magnitud del desequilibrio de manera más elocuente todavía. Si durante el semestre hubiera obtenido una proporción equivalente a su población, habría recibido alrededor de 14,1 billones de pesos. En cambio, recibió 8,47 billones. La diferencia es de unos 5,63 billones. Son cifras que muestran la inexplicable distancia entre los recursos asignados y la escala de las responsabilidades.
La vida cotidiana
Esos números no quedan encerrados en una planilla. Se convierten en menor capacidad para sostener hospitales y escuelas, mejorar la seguridad, mantener rutas y caminos rurales imprescindibles, ampliar el transporte y construir infraestructura productiva. Ni hay que olvidar que la Provincia debe responder por más de 17,5 millones de personas y, al mismo tiempo, afrontar profundas desigualdades dentro de su propio territorio.
“Los recursos que la Provincia deja de recibir impacta sobre la vida de millones de bonaerenses”
Un federalismo verdadero debe ser solidario. Es cierto que debe acompañar a las provincias con menores capacidades, compensar asimetrías y garantizar derechos con independencia del lugar de nacimiento. Pero la solidaridad no puede construirse generando una desigualdad permanente sobre el territorio donde vive la mayor cantidad de argentinos. Corregir una asimetría no debería significar fabricar otra. Sobre todo una tan profundamente injusta como la que sufre la provincia de Buenos Aires.
Cero ATN
A esta desventaja estructural se agrega una decisión todavía más difícil de explicar. Durante el primer semestre, el gobierno nacional distribuyó 121 mil millones de pesos en Aportes del Tesoro Nacional (ATN) entre trece provincias. Y sin embargo, Buenos Aires no recibió un solo peso.
Los ATN no se asignan automáticamente de acuerdo con la población o la participación productiva. Son un instrumento de asistencia discrecional. Precisamente por eso, su distribución debería responder a criterios públicos, objetivos y verificables. La exclusión de Buenos Aires exige, al menos, una explicación.
La secuencia es elocuente. El sistema automático le asigna una participación muy inferior a su peso demográfico y productivo. La distribución discrecional, en lugar de compensar parcialmente esa desventaja, la deja directamente afuera. El trato desigual deja entonces de ser una percepción política y se convierte en un dato concreto.
Una deuda histórica
Está claro que el grave problema que provoca este castigo inexplicable no nació en 2026. Pero la pérdida de participación bonaerense es ya insoportable e insostenible.
Tampoco es una pelea de Buenos Aires contra el interior. Plantearlo de ese modo sería repetir una falsa oposición que durante años bloqueó cualquier debate serio. La discusión consiste en construir un federalismo capaz de asistir a los territorios que lo necesitan sin castigar a una provincia tan decisiva para el desarrollo argentino.
Sin embargo, la inequidad termina afectando a todo el país. Menos infraestructura implica mayores costos logísticos. Menos inversión en educación y conocimiento, reduce las posibilidades de innovación. Una menor capacidad para acompañar a las industrias, las pymes, los puertos y los trabajadores limita la producción y el empleo.
Otro federalismo
Es necesario, entonces, revisar un esquema que perdió relación con la realidad demográfica, social y productiva de la Argentina, y establecer criterios transparentes para distribuir los fondos discrecionales.
Población, necesidades sociales, capacidades productivas y responsabilidades públicas, deben volver a formar parte de una conversación federal madura. Así como la solidaridad entre provincias constituye una variable que debe preservarse, también debe evitarse que millones de argentinos reciban menos derechos y servicios por vivir en territorio bonaerense.
Hay que entender que no se reclaman privilegios. Hay una tendencia a creer que Buenos Aires es la que debe ceder. Se trata de reclamar una distribución que reconozca lo que produce, la población que la habita y las responsabilidades que afronta.
Finalmente hay que entender que reparar esta desigualdad no significaría beneficiar a Buenos Aires, sino en última instancia, fortalecer a la Argentina.
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