Luego de un proceso que estuvo cerca de su colapso y que rozó el escándalo, finalmente quedó cerrada la etapa de debates, de modo que el juicio por la muerte de Diego Maradona aguarda ahora el veredicto que se conocerá el 22 de diciembre próximo.
Superadas ya las decenas de audiencias, anulaciones y controversias, así quedó dispuesto por el Tribunal Oral en lo Criminal N° 7 (o el N° 3 según tramos) de San Isidro. Ello, más allá de las eventuales apelaciones que podrían sobrevenir.
El juicio original por la muerte de Maradona en el que integraba el tribunal la entonces jueza Julieta Makintach se inició el 11 de marzo de 2025.
El proceso inicial, que comenzó a ser seguido por la prensa nacional e internacional dado la celebridad del jugador fallecido en circunstancias que merecieron investigación judicial, debió ser anulado y reiniciado dos meses después, tras un escándalo que involucró a la jueza, que fue apartada por sospechas de parcialidad y por autorizar grabaciones para un documental que se iba a denominar “Justicia Divina”.
Las pruebas colectadas señalaban que el juicio a Maradona se había convertido –así lo dijeron las resoluciones- en un muestrario de lo que no debía ser. La filmación clandestina de sus audiencias constituyó la confirmación de un oscuro escándalo sin precedentes. De modo que la decisión de la Suprema Corte de apartar a la jueza se ajustó a lo que correspondía hacer, en un momento en el que además los focos mediáticos y la mirada de la gente apuntaba hacia las alternativas de ese proceso.
Como si hubiera hecho falta algo más, en el nuevo proceso se registró una grave irregularidad al descubrirse que la Junta Médica Interdisciplinaria actuante había analizado estudios clínicos erróneos que correspondían al padre del ex futbolista, algo que puso en duda parte de las conclusiones periciales sobre el estado de salud de Maradona.
Ese grave equívoco pudo también ser superado y, en un contexto que se vio muchas veces matizado por situaciones controvertidas, acaso impropias de la normalidad de un proceso judicial –pero también imputables en gran medida a las características extraordinarias del protagonista central del juicio. Irregularidades que, ahora, parecen haber quedado superadas.
Si hubiera que extraer alguna conclusión valedera, correspondería recordar los serios problemas que se originaron en otros juicios orales con altísima repercusión popular, como los ocurridos con los casos Barreda y Monzón. En ellos, la demanda de presencia en las audiencias de muchos medios periodísticos nacionales e internacionales causó para su organización, serias dificultades a la administración de Justicia. De todos modos la resolución en ambos casos fue satisfactoria, tal como puede decirse ahora con esta segunda instancia del caso Maradona que parece haber logrado, finalmente, arribar a su desenlace.
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