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El campeonato Mundial de Fútbol como vínculo de unión

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Por EMIR ALFREDO Y CAPUTO TÁRTARA

Juez Penal de La Plata

¿Qué vínculo tan estrecho hubo entre el equipo de fútbol de Argentina en el último (y otros anteriores, por qué no…) campeonato mundial futbolístico?. Y cuando digo Argentina, me refiero a los millones de personas que componemos la población de este país, de todas las edades, sexos, clases sociales, etc…exceptuando unos pocos…muy pocos proporcionalmente, que no les interesa, o están en contra, por razones de distinta índole, prevalentemente psicológicas, psiquiátricas o de alguna otra índole de rencores.

Por fin -en este particular aspecto- millones de argentino/as, encontraron coincidencia, teniendo en cuenta que, en muchísimas otras cuestiones o temas, continúan existiendo duras e irreconciliables discrepancias.

¿Qué motivó mentalmente esta extraordinaria concordancia de los integrantes de una nación: masculinos-femeninos; pobres-ricos; niños-jóvenes y adultos; millonarios-clases altas-medias y/o necesitados e indigentes, etc.?

Me pregunto: ¿hubo una coincidencia por el mero hecho de conseguir el objetivo de ganar un campeonato mundial, o detrás de esto existen alguna/s otras circunstancias diversas…? Veamos:

En mi opinión, el vínculo entre la Selección Argentina y su pueblo en los mundiales futbolìsticos, no se explica sólo por el deseo de ganar un campeonato: es un fenómeno cultural y emocional que actúa como catalizador de identidad nacional, uniendo a millones de personas más allá de sus diferencias sociales, económicas o políticas, etc. El fútbol del “mundial” en nuestro país, se convierte en un ritual compartido, una narrativa heroica y un espacio simbólico donde la nación se reconoce a sí misma.

En nuestro país, el fútbol se incorporó como práctica cultural desde fines del siglo XIX. Se transformó en parte del patrimonio de los sectores populares, y con el tiempo, se expandió a todas las clases sociales.

Los argentino/as, durante el lapso de un mundial futbolístico favorable, se reconocen como parte de un mismo colectivo, en un país que -de su lado- está marcado por fuertes divisiones, entre otras, políticas y sociales, etc., fenómeno que combinó deporte, cultura, identidad y emoción colectiva. Por eso, incluso quienes no siguen el fútbol en el día a día, durante el Mundial, se sienten parte de un relato común que trasciende las diferencias.

El Campeonato Mundial de Fútbol, en Argentina, tiene un carácter único e irrepetible como fenómeno de cohesión nacional, que ha penetrado profundamente en todas las capas sociales, aspecto este que no se observa ni en la ciencia, política, cultura, etc.

La discrepancia es la regla en la vida social, desde lo más íntimo (una familia) hasta lo más amplio (la comunidad internacional). Las diferencias de opinión, intereses, valores y experiencias son inevitables, y en muchos casos se vuelven irreconciliables. Lo interesante es que, en medio de esa diversidad y conflicto, aparecen ciertos momentos de excepción donde la divergencia se suspende y surge una coincidencia masiva. El campeonato mundial de fútbol en Argentina ha sido un ejemplo paradigmático de esa excepción: por unas horas o días, las tensiones políticas, económicas y culturales, etc., quedaron en segundo plano y se produjo una unidad emocional.

UN ESPACIO DE MANCOMUNIDAD

Se observa una paradoja social, vivimos en permanente discordancia, pero necesitamos -y buscamos- momentos de coincidencia que nos recuerden que, pese a todo, seguimos siendo parte de un mismo colectivo. El campeonato mundial de fútbol funciona como un contrapunto simbólico frente a la vida cotidiana marcada por discordancias. Es como si la comunidad argentina necesitara un espacio donde las diferencias se suspendan y se produzca una coincidencia emocional recordando que, pese a todo, existe un: “nosotros”. Lo fascinante es que esa coincidencia no borra las discrepancias, sino que las hace convivir: el mismo grupo de amigos que discute política, economía o religión, etc., puede abrazarse y lagrimear juntos por un gol de la selección nacional de fútbol. Esa tensión entre conflicto permanente y unidad excepcional es lo que le da al campeonato mundial de fútbol, un carácter casi ritual, cercano a lo que algunos sociólogos llaman: “religión civil”.

En mi opinión, esa dinámica explica por qué el fútbol en Argentina, en un campeonato mundial, sea único en el aquí señalado sentido: ofrece un lenguaje común, inmediato y visceral que atraviesa todas las fronteras sociales. Y al mismo tiempo, porque la divergencia es tan fuerte en la vida social cotidiana, lo cual hace que la coincidencia futbolística en un campeonato mundial, se viva con la mayor intensidad, como un oasis de unidad en medio de la fragmentación.

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