calilazzarini@gmail.com
Buenos Aires tiene poder político, recursos naturales, producción agropecuaria, industria, energía, universidades, puertos y destinos turísticos capaces de sostener una estrategia propia. Sin embargo, esa formidable acumulación de capacidades no logra encarnar una doctrina bonaerense en torno a los intereses permanentes, gobierne quien gobierne.
Córdoba convirtió la defensa de su producción en una identidad política. Mendoza hizo del agua una causa que atraviesa gobiernos y partidos. Santa Fe reclama por su industria, sus puertos y la hidrovía. Las provincias patagónicas discuten regalías, energía e infraestructura como asuntos propios. Buenos Aires, en cambio, suele moverse a la sombra de un escenario nacional que obtura la posibilidad de pensarse a sí misma y representar causas que exceden a los gobiernos de turno.
La consecuencia es una paradoja difícil de explicar. Buenos Aires posee una escala extraordinaria que no logra despegar de “lo nacional” y eso se evidencia en los movimientos políticos que luego disminuyen la potencia de los reclamos históricos en favor de la mejora de sus condiciones estructurales. La causa bonaerense debería unificar y emerger con mayor nitidez.
PODER MÚLTIPLE
La potencia bonaerense no se explica por una sola actividad. En 2025, la Provincia exportó bienes por 31.684 millones de dólares. Fue casi el triple de Córdoba y prácticamente el doble de Santa Fe. Incluso superó, por sí sola, la suma de las exportaciones de Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y La Pampa. Además, las manufacturas industriales constituyeron su principal rubro exportador.
No es solamente una provincia que produce materias primas. Produce automóviles, medicamentos, acero, combustibles, alimentos elaborados, productos químicos, tecnología y conocimiento. Su singularidad reside precisamente en esa diversidad. En Buenos Aires, el campo se relaciona con la industria; la energía con los puertos; la ciencia con la producción; y el turismo con cientos de economías locales.
La última campaña agrícola volvió a mostrar esa dimensión. Buenos Aires generó el 41% del trigo argentino, más que cualquier otra provincia. Alcanzó, además, un récord de 13,9 millones de hectáreas sembradas con trigo, cebada, soja, maíz y girasol. En cinco años incorporó casi dos millones de hectáreas y pasó a liderar la superficie implantada de varios de los principales cultivos nacionales.
Pero su campo no termina en la tranquera o los alambrados que lo cercan. Continúa en la investigación genética, las universidades, la maquinaria, la industria alimentaria, los caminos, los puertos y el comercio internacional. Incluso, nuevas actividades están modificando el paisaje productivo. Mientras en 2025 desaparecieron alrededor de 1.100 viñedos en el país, la cantidad de establecimientos vitivinícolas bonaerenses creció cerca de un 50% durante los últimos cinco años.
ENERGÍA PROPIA
La energía ofrece otra perspectiva poco explorada del poder provincial. Si bien Buenos Aires no posee los yacimientos de Vaca Muerta, resulta indispensable para que esa riqueza se transforme, se distribuya y llegue a los hogares y a la producción.
El corredor integrado por La Plata, Dock Sud y Campana reúne refinerías, complejos petroquímicos, terminales portuarias, oleoductos y redes logísticas decisivas. El Complejo Industrial La Plata elevó su capacidad de procesamiento a 210.000 barriles diarios y recibe desde Vaca Muerta el 70% del crudo que utiliza. La refinería de Shell en Dock Sud moviliza otros 110.000 barriles por día, y la de Axion en Campana suma 95.000 barriles diarios más.
Neuquén extrae una parte central de la nueva energía argentina. Buenos Aires la refina, industrializa, transporta y consume. Por eso, la discusión energética nacional también debe reconocer el papel bonaerense. No existe soberanía energética completa sin infraestructura industrial, logística y portuaria.
MUCHOS DESTINOS
El turismo agrega otra dimensión. La provincia reúne mar, sierras, delta, lagunas, termas, pueblos rurales, patrimonio histórico, fiestas populares, turismo religioso, deportivo y de convenciones. Puede sostener una economía turística durante los doce meses del año, sin depender de una sola temporada ni de un único destino.
Mar del Plata aparece reiteradamente entre las ciudades más visitadas del país. En marzo de 2025 recibió más viajeros alojados que Puerto Iguazú, Bariloche, Mendoza y Villa Carlos Paz. Pero el verdadero potencial está en la posibilidad de conectar la costa con las sierras, el turismo rural con la gastronomía, los pueblos con sus producciones y las ciudades con sus acontecimientos culturales.
Campo, energía y turismo no son compartimentos separados. Integran un mismo poder territorial. La pregunta es quién lo interpreta, quién lo organiza y quién lo defiende.
INTERÉS BONAERENSE
Buenos Aires sufre una discriminación fiscal intolerable. No reclama privilegios ni pide abandonar la solidaridad federal. La Argentina necesita compensar desigualdades y garantizar derechos en todo su territorio. Pero ninguna solidaridad puede construirse debilitando de manera permanente las capacidades de una provincia decisiva para el funcionamiento del país. Debe animarse a sacudir el tablero y advertir con firmeza que no es en contra de nadie.
Pareciera una cuestión no se resolverá peregrinando ante cada gobierno nacional para obtener fondos extraordinarios. Hay que revisar de raíz la forma en que se recaudan y distribuyen los impuestos. La Nación concentra recursos y luego devuelve una parte mediante mecanismos que reducen la autonomía y favorecen la discrecionalidad. Ese federalismo de devolución debe dar paso a un nuevo acuerdo fiscal, con reglas objetivas, responsabilidades claras y una distribución más equilibrada.
Para impulsar esa discusión hace falta algo anterior. Un acuerdo de la dirigencia bonaerense que no module sus reclamos según la identidad política. Los intereses de la Provincia deben defenderse con la misma firmeza siempre.
Es cierto que hay diversas causas históricas que han obturado ese camino. Pero hay una oportunidad de construir “lo bonaerense”
Y, precisamente, construir lo bonaerense no significa levantar fronteras ni enfrentar a Buenos Aires con el resto del país. Significa reconocerse como una comunidad política, definir intereses comunes y ejercer el federalismo con madurez. También supone que La Plata recupere plenamente su función de capital: como el lugar desde el cual se piensa, se representa y se proyecta la Provincia.
Lo bonaerense no es una esencia, una nostalgia ni una suma de tradiciones. Es una construcción política hacia el futuro. Buenos Aires aporta cada día su campo, su industria, su energía, sus puertos, su conocimiento y su trabajo al desarrollo argentino. Ha llegado el momento de construir una dirigencia capaz de defenderlos con la misma intensidad.
SUSCRIBITE a esta promo especial