A 188 años del nacimiento de Dardo Rocha, y como suele hacerlo en los aniversarios de la ciudad y alguna otra ocasión, La Plata vuelve a mirar a su fundador. Su nombre permanece en monumentos, instituciones, plazas y edificios. Su figura está definitivamente incorporada a la memoria de la Ciudad. Pero sobre todo aquel mito fundacional sigue teniendo su impacto en las decisiones y discusiones urbanas.
Sin embargo, quizá la mejor manera de recordarlo no sea volver a contar lo que hizo, sino preguntarnos qué significa fundar una ciudad en el presente. Porque fundar es, también, tomar una decisión sobre el futuro. Es construir algo que todavía no existe y para personas que todavía no llegaron. Es convertir una idea en instituciones, espacios públicos, conocimientos y formas de convivencia.
IMAGINACIÓN POLÍTICA Y EL MITO
Dardo Rocha pertenece a una generación que imaginó que la política también podía ocuparse de aquello que no era inmediato. La Plata nació de esa capacidad para extender la mirada más allá de las urgencias de su tiempo. Antes de sus calles, sus diagonales y sus edificios, existió como una decisión política. Alguien tuvo que pensarla, defenderla y comenzar a construirla.
Justamente, La Plata se pensó como la capital del futuro, como lo nuevo, moderno y progresista. Pero una ciudad nunca es solamente la voluntad de quien la proyecta.
Rocha imaginó y fundó La Plata, aunque no podía determinar por sí solo aquello que la ciudad llegaría a ser. Fueron los propios platenses quienes la habitaron, la recorrieron y comenzaron a transformarla. Quienes construyeron sus casas, formaron sus familias, abrieron comercios, crearon instituciones, estudiaron, trabajaron, produjeron cultura o simplemente decidieron permanecer en ella.
Se podría decir que Rocha, junto a quienes lo acompañaron en aquel momento histórico, trazó un proyecto. Y los platenses fueron quienes lo hicieron ciudad. Porque al habitarla le dieron voces, costumbres, conflictos, afectos y formas de vida que ningún plano podía anticipar. La ciudad planificada se encontró con la ciudad vivida. Y de ese encuentro surgió una identidad que no estaba contenida de antemano en sus diagonales ni podía ser definida por completo desde un escritorio.
Por eso una ciudad puede tener una fecha de fundación, pero nunca termina de fundarse. Cada generación recibe una ciudad construida por otras y, al mismo tiempo, deja una ciudad diferente para las que vendrán. Habitar también es fundar, porque cada manera de vivir, cuidar, recorrer y transformar un territorio, contribuye a producirlo.
Con los años, aquella acción fundadora se convirtió en un mito. Los mitos no son relatos falsos ni simples evocaciones del pasado. Son sistemas de sentido mediante los cuales una comunidad explica de dónde viene, reconoce ciertos valores e imagina un destino. El problema aparece cuando el mito deja de actuar como una fuerza creadora y se transforma solamente en conmemoración. Podemos conocer cada detalle de la fundación y, aun así, haber perdido la capacidad de fundar. Y ese es, quizá, el verdadero interrogante que el nacimiento de Rocha nos plantea.
¿Qué decisiones estamos tomando hoy pensando en la La Plata de las próximas décadas? ¿Qué ciudad estamos preparando para quienes la habitarán en 2050 o cuando llegue el Bicentenario? ¿Qué acuerdos, instituciones e infraestructuras estamos construyendo frente a desafíos que ya comenzaron, aunque todavía no ocupen el centro de la conversación pública? La transformación tecnológica, el cambio climático, las nuevas formas del trabajo, el crecimiento urbano y las desigualdades territoriales están modificando la vida de las ciudades. Ninguno de esos procesos puede abordarse únicamente con respuestas coyunturales. Requieren dirección, continuidad y una imaginación capaz de convertirse en decisiones.
No se trata de encontrar otro Dardo Rocha ni de proclamar una nueva fundación que desconozca la ciudad existente. Se trata de recuperar una actitud fundadora. La capacidad de pensar más allá de un período de gobierno, reunir conocimientos dispersos, construir acuerdos y sostener una visión cuyos resultados quizás disfruten otros. No existe una única obra capaz de contener todo el futuro. Existe la posibilidad de acordar una orientación y comenzar a construirla.
La Plata cuenta con universidades, instituciones científicas, organizaciones sociales, colegios profesionales, sectores productivos y una enorme densidad cultural. Posee las capacidades necesarias para elaborar una agenda de largo plazo. El desafío es reunirlas alrededor de algunas preguntas fundamentales y transformar sus respuestas en decisiones colectivas.
LA CIUDAD COMO PROMESA
Tal vez allí resida la vigencia más profunda de Dardo Rocha. No en repetir sus respuestas, formuladas para otro siglo, sino en recuperar el coraje de hacerse preguntas a la altura del tiempo que viene.
Las ciudades también envejecen cuando dejan de imaginar. Y vuelven a nacer cuando una generación acepta la responsabilidad de proyectarlas.
A 188 años del nacimiento de Dardo Rocha, La Plata no necesita solamente recordar al hombre que la fundó. Necesita asumir que toda ciudad es también una promesa, la que una generación recibe, transforma y entrega, con sus aciertos y sus deudas, a quienes todavía no tienen voz.
El homenaje más verdadero será estar a la altura de esa promesa. Que el próximo gran gesto fundacional no lleve el nombre de un solo hombre, sino el de una comunidad capaz de imaginar un futuro común y empezar, desde hoy, a construirlo.
SUSCRIBITE a esta promo especial