Alimentación, transporte, servicios e incluso importación de combustible: marginal hasta hace pocos años, el sector privado en Cuba se consolida en una economía en crisis y apunta a crecer aún más con las medidas de liberalización.
Sentado en el portal de una “bodega”, las tiendas de alimentos subsidiados que existen desde hace más de 60 años en la isla, Joaquín Velázquez, bastón en mano, observa el ir y venir en el local contiguo, convertido en un comercio privado de alimentos. “Todo este espacio era antes una bodega, y ahora le han quitado una parte para hacer una mipyme”, comenta a la AFP, para referirse a las micro, pequeñas y medianas empresas. En lo que queda de la bodega ya casi no entra mercancía, pues desde hace varios años el Estado no importa los productos de la canasta básica para venderlos a los cubanos a precios muy bajos.
En el pequeño comercio privado hay de todo, pero los precios están fuera del alcance de este jubilado. Un litro de aceite se vende a 1.900 pesos (3 dólares), más del 60% de su pensión. “Para mí, es como si las mipymes no existieran”, lamenta Velázquez. La escena se repite en todos los barrios de La Habana, donde el auge del sector privado ha transformado el paisaje urbano desde la autorización de las mipymes en 2021.
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