El fallecimiento del mítico Indio Solari se transformó en una cuestión de Estado para la administración de Axel Kicillof. La partida del líder de Los Redonditos de Ricota embarcó al gobierno provincial en un desafío que no estaba en los planes: garantizar la seguridad en el predio de Avellaneda donde se le dará el último adiós y donde se prevé una concurrencia multitudinaria y establecer un amplio dispositivo sanitario que involucra al menos a cuatro hospitales.
Es un reto que se puso al hombro en buena parte el ministro Javier Alonso, quien al parecer tuvo algún rol previo en la idas y venidas que culminaron con la elección del lugar del velatorio del líder ricotero. En su afán por no quedar descolocado frente a la movilización que ya generó y seguramente se replicará hoy, la administración de Javier Milei, tras decirle no al velatorio en el Congreso, habría buceado en la agenda del responsable de la Seguridad bonaerense para encontrar un contacto que le allanara el camino para llegar a la familia del Indio y ofrecerle un lugar alternativo. La gestión que habría ensayado la ministra nacional Alejandra Monteoliva con su colega bonaerense no habría tenido éxito.
La conmoción que generó la partida de una de las figuras icónicas del rock vernáculo incluso abrió espacio para que ocurriera lo impensado en otro contexto: que retomaran el diálogo Kicillof y Máximo Kirchner para analizar en qué lugar de la Provincia se realizaría la ceremonia. El líder de La Cámpora es muy allegado a la familia del Indio e incluso estuvo en la casa del cantante y compositor apenas trascendió la noticia de su muerte.
El hijo de la ex presidenta Cristina Kirchner tuvo un rol central en la definición del lugar del velatorio. Habría levantado el teléfono para hablar con Jorge Ferraresi, el intendente de Avellaneda, para bucear alguna alternativa en ese distrito luego de descartarse a La Plata como una de las posibles sedes.
Ferraresi y los Kirchner han cultivado una relación oscilante. El alcalde fue vicepresidente del Instituto Patria pero luego renunció, tomó distancia del universo K y lentamente se fue acercando a Kicillof y su Movimiento Derecho al Futuro. Pero desde hace algún tiempo volvió a hacer gestos de concordia hacia Cristina al sumarse al reclamo por su libertad. Ahora añadió un nueva señal ante el pedido de su hijo.
Distintas fuentes cuentan que el que mantuvieron Kicillof y Máximo Kirchner fue un diálogo ameno, como si la disputa interna que ambos libran en el peronismo hubiese quedado contenida por un paréntesis impuesto por los preparativos del último adiós a un músico que desde siempre se identificó con el kirchnerismo.
Obviamente el líder de La Cámpora estará en Avellaneda. Kicillof también irá.
Pero una cosa no quita la otra: en el fondo, la pelea sigue abierta, tan candente como siempre. El peronismo se ha tomado un pequeño respiro para honrar al Indio. Sólo eso.
Una muestra de que hay una disputa que sigue su curso es la sesión que se convocó para mañana en la Cámara de Diputados bonaerense. La oposición viene apuntando sus cañones por las falencias prestacionales del IOMA y juntó voluntades para pedir que se convocara a una reunión y debatir la crisis por la que atraviesa la obra social que genera reclamos de afiliados y prestadores.
Ese planteo de discutir esta temática compleja y acuciante encontró, para algunos en forma sorpresiva, la rápida respuesta de las autoridades de la Cámara baja: la convocatoria casi inmediata a la sesión que pide la mayoría del abanico opositor.
Como se ha vuelto costumbre, esa decisión de habilitar el ámbito institucional de Diputados para apuntarle a la gestión del IOMA provocó la reacción del Gobierno. Habrá que ver si, en una primera instancia, la oposición consigue número para garantizar la sesión, pero el solo hecho de que se habilitara la posibilidad fue leída cerca de Kicillof como una nueva jugada de un sector del peronismo asociado a La Cámpora para terminar castigando sobre lo que es uno de los principales flancos que ofrece el gobierno provincial.
El asunto anota otras curiosidades. La obra social es conducida por el camporista Homero Giles, a quien la oposición busca interpelar. Giles, de algún modo, también quedará expuesto si es que, como interpretan en el Gobierno, se buscó horadar a Kicillof.
Otras intrigas dan vueltas en el asunto. Habituales aliados al peronismo que controla la Cámara y que son parte del esquema de gobernabilidad, fueron principales impulsores de la sesión, entre ellos, sectores del radicalismo y ex libertarios. “Se cortaron solos”, dicen en despachos cercanos al esquema de gobierno de Diputados. Para el Gobernador, en cambio, es otro motivo para enhebrar sospechas.
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