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Entre la apertura política y el desafío social, el Gobierno empieza a trazar el camino para buscar la reelección

El gobierno pone el foco en los aspectos clave para tratar de lograr la reelección en 2027 / IA

Por Germán López

Liberados del pesado lastre que significó el caso Adorni y en medio de la euforia tras la sufrida victoria de la Selección Nacional ante Egipto, Karina Milei sinceró por primera vez que ya puso en marcha el operativo reelección. “Mi gran objetivo para este año es empezar a construir todo el camino para que el presidente Javier Gerardo Milei, mi hermano, sea reelecto en 2027”, dijo sin rodeos la secretaria General de la Presidencia durante un acto partidario de La Libertad Avanza en Posadas, Misiones.

Aunque falta más de un año para la elección presidencial, en la Casa Rosada entienden que hay que aprovechar al máximo los tiempos y el desconcierto de la oposición. El plan maestro contempla una apertura que no se le había visto al partido libertario en sus anteriores armados electorales, donde primaba la subordinación a sus colores partidarios. La idea que prevalece ahora es bajar la vara ideológica y abrir la oferta electoral a los aliados, en una especie de “movimientismo de coyuntura” que le permitiría acercarse a un triunfo en primera vuelta.

UN CAMINO COMPLEJO

El camino está lejos de ser sencillo. El Gobierno deberá resolver un rompecabezas de muchas piezas. Una de ellas será el calendario electoral y la discusión sobre el desdoblamiento o la simultaneidad entre las elecciones nacionales y provinciales, una decisión atravesada por los intereses particulares de gobernadores e intendentes. Otra será el futuro de las PASO, cuya continuidad o suspensión divide incluso a varios de los mandatarios provinciales que hoy mantienen una relación cordial con la Casa Rosada.

Y aquí surge el experimento de las colectoras, una iniciativa que todavía no ha tomado forma de proyecto legislativo pero que apuntaría a darle a los gobernadores más cercanos un instrumento para alinearse al Gobierno sin debilitar su frente interno. Los tanteos preliminares no invitan al optimismo.

Entre otras figuras del oficialismo, Patricia Bullrich ya expresó sus reparos. Aun así, hay sectores del PRO bonaerense que creen que sería un mecanismo especialmente útil para facilitar una confluencia electoral que incluya a LLA y la UCR y a fuerza locales.

EL BOLSILLO DE LOS ARGENTINOS

Sin embargo, ninguna de esas discusiones tendrá el peso de la economía cotidiana. Al final del camino, será el bolsillo de los argentinos el que terminará inclinando la balanza.

La apuesta oficial es que la inflación continúe descendiendo y que esa desaceleración termine traduciéndose en una mejora sostenida del poder adquisitivo de los salarios. A diferencia de otros procesos electorales, el Gobierno decidió renunciar a los “anabólicos” que históricamente se utilizaron para estimular artificialmente el consumo antes de una elección. No habrá expansión del gasto, emisión monetaria ni planes de corto plazo destinados a mejorar transitoriamente los indicadores. Toda la estrategia descansa sobre una premisa: que la estabilidad macroeconómica alcance por sí sola para mejorar la vida cotidiana.

LOS SECTORES VULNERABLES

El interrogante es si ese efecto llegará a tiempo y con la intensidad suficiente. En los sectores más vulnerables, la recuperación todavía no aparece con claridad. Un relevamiento de la consultora Focus Market realizado en Florencio Varela muestra que más del 90% de los ingresos de los hogares de barrios populares se destina a la compra de alimentos, mientras que cuatro de cada diez pesos provienen de trabajos ocasionales o de fuentes inestables. Peor aún: el 20% decide no comprar medicamentos.

Lo que ocurre en esas aguas profundas es una incógnita que las encuestadoras no alcanzan a develar en su integridad, pero que puede tirar abajo los planes que con tanto optimismo lleva adelante el Gobierno. De acuerdo con los relevamientos nacionales de la consultora Hugo Haime, tres de cada cuatro ciudadanos manifiestan un humor social predominantemente negativo. Estas emociones se agudizan en el segmento socioeconómico bajo, donde se experimenta una creciente sensación de desamparo frente a la pérdida del poder adquisitivo.

No obstante, el Gobierno confía en que el proceso ya comenzó. La desaceleración de la inflación, el superávit fiscal y la relativa estabilidad cambiaria constituyen el núcleo del relato oficial, pero también el principal activo político con el que aspira a disputar la elección de 2027. El objetivo no consiste únicamente en mostrar indicadores favorables, sino en convencer a una mayoría de que abandonar ese rumbo implicaría poner en riesgo la estabilidad alcanzada.

Si eso ocurriera, el Gobierno habría conseguido mucho más que una victoria electoral. Habría modificado el eje de la discusión política.

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