El fenómeno de El Niño, caracterizado por una sucesión de días lluviosos y cielos encapotados, se prolongará hasta los primeros meses de 2027 en esta zona del continente americano, según advirtió recientemente la Organización Meteorológica Mundial (OMM), organismo especializado de las Naciones Unidas. Ello significará que el clima seguirá incidiendo en la actividad económica y en la salud de la población.
El alerta internacional adquiere una dimensión particular para la Argentina. El fenómeno no necesariamente se traduce en un escenario uniforme para todo el territorio, pero los pronósticos anticipan un aumento de las precipitaciones en buena parte del centro y el Litoral, con la consecuente posibilidad de crecidas de ríos, anegamientos e inundaciones en zonas vulnerables.
La OMM informó en fecha reciente que las temperaturas de la superficie del mar en las zonas central y oriental del Pacífico tropical podrían alcanzar valores sin precedentes entre octubre y diciembre.
El organismo señaló que El Niño “se está fortaleciendo rápidamente” y que existe una probabilidad cercana al 100 % de que el fenómeno persista hasta febrero de 2027.
El fenómeno de El Niño forma parte del ciclo natural conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS). Se produce cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental se encuentran anormalmente cálidas, lo que genera modificaciones en los vientos, la presión atmosférica y la circulación de humedad que pueden alterar el clima en regiones ubicadas a miles de kilómetros de distancia.
Las mayores complicaciones podrían aparecer en las cercanías de los grandes ríos, particularmente en aquellas áreas que ya presentan antecedentes de inundaciones. El Paraná, el Uruguay y sus afluentes podrían experimentar aumentos de caudal si se combinan lluvias persistentes en las cuencas con precipitaciones intensas en territorio argentino.
Los efectos económicos de las tormentas e inundaciones son harto conocidos, especialmente en las zonas rurales.
En las ciudades, las lluvias intensas en períodos cortos pueden poner a prueba los sistemas de desagües, arroyos, canales y reservorios. Los barrios ubicados en zonas bajas o próximos a cursos de agua son los que presentan una mayor exposición, sobre todo cuando las precipitaciones se concentran en pocas horas.
Al mismo tiempo, los sistemas de salud —que ya se encuentran exigidos por un fuerte crecimiento de las enfermedades respiratorias— debieran reforzar sus guardias en esta época.
En el ámbito sanitario, los especialistas también reparan en el llamado Trastorno Afectivo Estacional (TAE), un tipo de depresión cíclica desencadenada por la falta de luz solar, muy común en regiones donde el clima es predominantemente gris y nublado.
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