La elección brasileña sigue mostrando una marcada polarización entre Lula y Flavio Bolsonaro. Faltan menos de tres meses para la primera vuelta, cuyo balotaje sería inevitable.
La derecha se va unificando detrás del hijo de Bolsonaro, en sus diversas facciones. Los esfuerzos del establishment empresario para generar una candidatura presidencial alternativa han fracasado. La gente no quiere votar tecnócratas y se inclina por la gente que realiza declaraciones claras y duras respecto a la vieja política, como lo demuestran los últimos resultados electorales en la región.
La economía está bajo control, pero sin brillo ni éxitos. Los ataques contra Bolsonaro hijo se han reiterado por su encuentro con un banquero en quiebra. Pero el costo político ha disminuido al saberse que también el banquero estuvo reunido con Lula.
La apuesta de Trump es clara: apoyo definido a Flavio Bolsonaro. Es que el regreso de la derecha al poder en el primer país de América Latina, tanto en población como en PBI, le permitiría al presidente estadounidense tener una marcada hegemonía en el hemisferio. La socialdemocracia representada hoy en Brasil por Lula no logra plantear un escenario de futuro que sea convincente.
El problema más importante que tiene hoy Bolsonaro hijo es su enfrentamiento con la actual esposa del expresidente. Sus hijos, que actúan en política, son de otro matrimonio y su protagonismo en el poder y candidaturas choca con los intereses de su madrastra, que también tiene ambiciones políticas. La salud del expresidente Bolsonaro ha debilitado su capacidad para mantener esa puja bajo control.
La ausencia de Milei en el Mercosur
La suspensión de la participación del presidente argentino Javier Milei en la Cumbre de presidentes del Mercosur es una definición política contra Lula. Estaba prevista una reunión entre los dos presidentes, aprovechando la Cumbre de Jefes de Estado. Pero a último momento Milei decidió no concurrir para evitar encontrarse con Lula. Optó en cambio por reunirse con Flavio Bolsonaro en Buenos Aires para apoyar su candidatura presidencial.
Lógicamente, Lula sintió el hecho como una agresión política. Milei marcó así su alineamiento con Trump. Cabe señalar que, al mismo tiempo, el presidente argentino manifestó su solidaridad con Israel y convocó a América Latina a apoyar a este país en su conflicto con los palestinos, porque se trataría de un actor clave para la cultura y la ideología occidentales.
La apuesta de Milei es clara y contribuye a plantear la significación de una América Latina alineada detrás del actual gobierno norteamericano. La relación entre los presidentes de Argentina y Brasil ha sido mala desde la llegada de Milei al poder y puede ser peor si Lula es reelecto para un cuarto periodo. La visión internacional de los dos gobiernos es cada día más diferente, pero la corriente que marcan las elecciones en la región es favorable al presidente argentino, quien sigue siendo la pieza política más importante de Trump en América Latina.
Lo cierto es que a ausencia de Milei en la Cumbre de presidentes del Mercosur profundiza la crisis dentro de este grupo. La reunión tenía una agenda relevante: los acuerdos del grupo sudamericano con actores claves del ámbito internacional como Japón, Canadá, la India, Vietnam y China. Lula y Milei coinciden en impulsar los acuerdos con los tres primeros países, pero plantean reparos respecto a este último. En esto también coinciden con la postura estadounidense.
Para Brasil, si Argentina suma al acuerdo bilateral que firmó con Estados Unidos algo similar con estas potencias globales -un acuerdo bilateral sin pasar por el Mercosur- lo consideraría una suerte de traición y la ruptura del Grupo, después de haber concluido el acuerdo con la Unión Europea. Pero Milei tiene una alianza plena con Estados Unidos y Brasil una más flexible con China e India.
Mientras tanto, los presidentes de centroderecha que gobiernan o gobernarán Colombia, Perú, Bolivia y en alguna medida Chile, enfrentan dificultades de gobernabilidad pese a sus triunfos electorales. Es que los sectores radicalizados próximos a la izquierda, tras la derrota en las urnas, buscan trasladar su oposición a la calle, con protestas y actitudes revolucionarias, como es el caso de Bolivia.
Estados Unidos apoya a los gobiernos de centroderecha, pero la efectividad de esta actitud genera dudas.
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