En cuestión servicios, será difícil que vecinos del Gran La Plata olviden este 2026. A lo largo del año, la constante no ha sido el crecimiento o la mejora de la infraestructura, sino la reiteración, la arbitrariedad y la duración —en ocasiones angustiosamente prolongada— de los cortes de luz. La crisis del suministro eléctrico no da tregua y mantiene a la población sumida en un malestar crónico e indignante.
En las últimas horas, el problema volvió a recrudecer con fuerza en Tolosa, Villa Castells, La Loma y diversos sectores de City Bell, donde los apagones se producen a toda hora y sin el menor resguardo para los usuarios.
El fin de semana pasado dejó a miles de familias a oscuras durante horas. Las interrupciones, que en muchos casos comenzaron en la madrugada, se extendieron hasta pasado el mediodía, paralizando la vida cotidiana y la actividad comercial.
Ante este escenario, la respuesta institucional de Edelap parece insuficiente, y desconsiderada: la empresa se limita a escudarse en el argumento de “obras programadas”.
Sin embargo, los vecinos denuncian la total falta de avisos previos, el nulo cumplimiento de las franjas horarias de trabajo y una flagrante ausencia de vías de comunicación eficaces para saber cuándo volverá la luz. La falta de respuestas claras por parte de la prestataria se ha convertido en un malestar sistemático de sus clientes.
Lo verdaderamente alarmante es que el desabastecimiento energético en muchos casos dejó de ser una emergencia puntual para transformarse en una rutina. El catálogo de excusas parece inagotable: inclemencias climáticas, caída de postes, picos de consumo por frío o calor, robos de cables o fallas en las cámaras. Lo que la distribuidora presenta como “imprevistos” o causas de fuerza mayor no es más que la prueba palmaria de una red vulnerable e incapaz de responder a las demandas mínimas de una metrópoli moderna. La naturaleza puede ocasionar fallas; pero es la desinversión acumulada de una empresa que cobra tarifas plenas pero presta un servicio no tan eficiente, según se puede observar en los reclamos diarios de los vecinos.
Los perjuicios suelen ser cuantiosos. No se trata solo de la incomodidad de estar a oscuras o de las pérdidas económicas por alimentos arruinados y electrodomésticos quemados. En el extremo más grave de esta cadena están las personas electrodependientes, para quienes la interrupción de la energía puede representar una amenaza directa contra la vida.
Mas allá de los proclamados esfuerzos de Edelap para ir reparando las distintas averías, queda en claro que el sistema eléctrico en la Región aparece cada vez más indefenso y que, por consiguiente, resulta impostergable que se extremen recaudos para modernizar las estructuras y garantizar no sólo una mayor continuidad del servicio sino, en su caso, el más pronto restablecimiento cuando se presenten las emergencias.
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