“Pasa el tiempo y la Ciudad sigue siendo zona liberada para los motochorros. La Policía se mantiene como ajena a esa realidad y, por lo visto y sufrido por la población, no busca o no encuentra fórmulas posibles de prevención de este delito, que ya tiene categoría de flagelo social”. Tales palabras, que hoy pueden emplearse para definir lo que ocurre en todo el Gran La Plata, encabezaron un editorial publicado hace varios años en este diario.
Y ahora, en la edición de ayer, se señaló que los vecinos ya no hablan de casos aislados. Hablan de una rutina. De salir de sus casas mirando para todos lados, de esconder el celular antes de llegar a la esquina y de evitar caminar solos incluso a plena luz del día. En la Región, el accionar de los motochorros se consolidó como uno de los principales problemas de seguridad y los hechos se repiten en prácticamente todos los barrios.
En este informe se comenzó aludiendo al último episodio tuvo como víctima a una joven en Los Hornos. El robo ocurrió el domingo alrededor de las 13, en la puerta de su vivienda, ubicada en 164 entre 64 y 65. Dos delincuentes que se movilizaban en moto la sorprendieron y le arrebataron la cartera, donde llevaba el celular, documentación y otras pertenencias personales.
Allegados a las víctimas y vecinos dieron un testimonio que resulta similar al ofrecido por frentistas y peatones de las tres ciudades emplazadas en nuestra zona: “Sabemos quiénes fueron. Son del barrio y ya cometieron otros robos en la misma manzana y en los alrededores. Es la segunda vez que nos roban a nosotros”, dijeron.
La modalidad delictiva “motochorros” sigue vigente y reina en el Gran La Plata. La dinámica es simple: por lo general son dos los delincuentes, uno conduce y el acompañante desciende y arrebata, casi siempre con un arma de fuego o un cuchillo.
No se trata de propiciar una cacería indiscriminada que alcance a todos aquellos que andan moto y que las usan para ir a trabajar, para ir a estudiar o trasladarse a cualquier sitio. Pero debiera resultar indiscutible que la Policía puede valorar diversos indicios y otros tipos de datos, como para encarar de una vez por todas una campaña que sirva para prevenir y frenar este auge delictivo.
La experiencia enseña que, cuando la Policía quiere y se decide a actuar, la ola de delitos se mitiga. Es una realidad ya probada con otras modalidades delictivas, que lograron neutralizarse en buena medida. En el caso que aquí se refleja, hace falta que la fuerza policial inicie una acción preventiva y persecutoria sistemática contra los delincuentes motorizados y los resultados positivos no tardarían en hacerse sentir. En cambio, si no lo hace, la Región seguirá viéndose, como ocurre desde hace tiempo, “amigable” para los motochorros.
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