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La segunda etapa de una batalla condicionada por el control de la Provincia

Axel Kicillof y el kirchnerismo transitan por una fase de beligerancia extendida. Máximo Kirchner fue el encargado de habilitar, en etapas, esa escalada. Comenzó con una entrevista en la que soltó que su madre es la única candidata, a pesar de que pesa sobre ella una condena que la inhabilita para ocupar cargos públicos. La profundizó días después cuando dirigió buena parte de su discurso en Parque Lezama, en el acto convocado para reclamar por la libertad de la ex presidenta, a lanzar reproches al Gobernador.

El líder de La Cámpora abrió la puerta para que otras voces, aún más belicosas, soltaran amarras. Sergio Berni fue el estandarte de esa arremetida en la sesión del Senado bonaerense de hace unos días en la que disparó críticas y desparramó quejas contra Kicillof.

El Gobernador parece, en principio, decidido a resistir esos embates. En su círculo cercano interpretan que los planteos K no tienen, en el fondo, el objetivo de que finalmente vaya a reunirse con Cristina: creen que detrás de la andanada aparece la pretensión de que se avenga a aceptar el liderazgo delegado por la ex presidenta a Máximo Kirchner.

“Cristina quiere que consultemos con Máximo hasta en qué momento tenemos que llamar a paritarias. Eso no va a suceder”, desafían.

El choque, expuesto, abre interrogantes y especulaciones. Cerca de Kicillof empiezan a perder la cautela y admiten que la posibilidad de que el peronismo vaya divido a las elecciones del año que viene, no habría que descartarla. El kirchnerismo también agita esa alternativa.

¿SIN PRIMARIAS?

Unos y otros observan, también, que comienza a ganar terreno un elemento que podría complicar aún más las cosas: el Gobierno nacional estaría en condiciones de avanzar en el Congreso, vía acuerdo con varios mandatarios provinciales, con una nueva suspensión de las Primarias para el próximo turno presidencial.

Sin esa herramienta, el peronismo sumaría una complicación adicional. Muy pocos dirigentes creen que el propio partido pueda organizar su propia interna para elegir su candidato presidencial. Menos aún los que pretenden, como Kicillof, sumar a otros sectores partidarios a los que se vería obligado a arrastrar a una disputa ajena.

En algunos laboratorios ultra K analizan, incluso, una salida “a la peruana”. En Perú, donde reina una atomización política fuerte, listas que consiguieron menos del 20 por ciento de los votos pasaron a la segunda vuelta. Creen, a partir de algunas mediciones propias, que una oferta avalada por Cristina Kirchner podría superar a la de Kicillof en las elecciones generales. Siempre y cuando una hipotética postulación de Javier Milei no llegara al 40 por ciento de los votos, el kirchnerismo podría ingresar al balotaje.

El escenario de ruptura surge al calor de esta renovada etapa de enfrentamiento que, con todo, esconde entre sus pliegues algunos otros asuntos. Por caso, los objetivos que se habría trazado La Cámpora para el turno electoral que se avecina que en principio entrarían en colisión con la división del peronismo. “La obsesión es la provincia de Buenos Aires”, admiten dirigentes que abrevan en el esquema de Máximo Kirchner. Básicamente, poner en el sillón que hoy ocupa Kicillof a un dirigente de ese espacio.

Es un propósito que, en principio, demandaría zurcir varias piezas. Incluso, arrimar aquellas que se desprendieron para sumarse al kicillofismo. Implicaría también alcanzar un acuerdo forzado, porque el peronismo no está en condiciones de presentar dos listas en la Provincia sin exponerse a una derrota ante La Libertad Avanza.

¿Ese objetivo camporista implica ceder y reconocer a Kicillof como candidato presidencial? Es una posibilidad que también aparece en el menú aunque hoy asome lejana en esta coyuntura cruzada por los reproches descarnados. Hay quienes aseguran que, aún desencantada y furiosa con quien fuera su hijo político por el desafío que le planteó a su jefatura, Cristina Kirchner estaría admitiendo que el Gobernador es hoy por hoy el mejor posicionado dentro del peronismo para la carrera cuya meta es la Casa Rosada.
una señal nacional

Mientras tanto, el Gobierno nacional se apresta a dar una señal política cuyo impacto excede la configuración del gabinete nacional. El reemplazo de Manuel Adorni en la jefatura de Gabinete por Diego Santilli, en caso de confirmarse esa designación, implicaría robustecer las chances del “Colorado” de ser el elegido para pelear por la Gobernación el año que viene.

Si Santilli asciende en el equipo de Javier Milei, es, entre otras cuestiones centrales, porque cuenta con el aval de su hermana Karina. El “Jefe” es la dueña de la lapicera en la definición bonaerense.

Ese nuevo rol implicaría, además, robustecer la postura de aquellos dirigentes del PRO, como Cristian Ritondo, que claman por un acuerdo en la Provincia con los libertarios y que creen que Santilli es el mejor candidato para desbancar al peronismo en territorio bonaerense.

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