Finalmente, llega León XIV a la Argentina. Para la feligresía, un remedo del viaje que nunca pudo ser de Francisco, el pontífice argentino. Aunque no se admitirá en público, para el gobierno libertario es una visita incómoda. Como un dogma evangelizador, si se permite el parangón, la Casa Rosada hace días que viene bajando un mensaje a través de voceros oficiosos y oficiales: no hay que politizar la presencia del Santo Padre en estos pagos porque su actividad será sólo pastoral. Lo mismo ha dicho la jerarquía eclesiástica local, de relación muy fría con el oficialismo.
Aquella prevención libertaria sobre las intenciones papales asoma como una apertura de paraguas, la refutación anticipada de lo que pasará: en los varios discursos que ofrecerá, entre homilías y lecturas no realizadas en ceremonias religiosas, Robert Prevost expondrá lo obvio. Esto es: las enormes diferencias conceptuales entre su pensamiento, obviamente signado por la doctrina social de la Iglesia, el rescate de los más necesitados y la necesidad de privilegiar lo colectivo por sobre lo individual, y el del presidente Javier Milei, un anarco-libertario digamos.
“La sola visita de León XIV al Cottolengo Don Orione es un mensaje en sí mismo”
No es que León XIV vaya a venir a la Argentina a hablar en contra del gobierno de turno. Simplemente vendrá a decir lo suyo, lo que predica por todo el mundo, que en términos objetivos interpela al ideario de La Libertad Avanza desde cuestiones conceptuales (por ejemplo, el Papa piensa que hay que regular la Inteligencia Artificial y Milei, desde un extremismo liberal, cree que no hay que ponerle ningún coto) hasta detalles. Como el tema discapacidad.
INSENSIBILIDAD
En este sentido, la visita del Papa al Cottolengo Don Orione acaso sea la actividad más repulsiva para la Rosada. Luego del tironeo por la cuestión de la emergencia en Discapacidad, el gobierno argentino ha quedado en una posición pública de insensibilidad respecto a ese tema. Una discusión que inició el propio oficialismo por aquella obsesión de la motosierra en un área que, en el contexto de todos los gastos del Estado, representa chirolas.
La sola visita de León XIV a esa obra regida por la Iglesia y centrada en brindar una atención humanizada a las persona con discapacidad (hoy tiene 415 “pacientes”) es un mensaje en sí mismo. Que cobra mayor envergadura, más simbolismo, por el tironeo presupuestario al que se viene asistiendo en el Congreso, que incluyó la ratificación legislativa de la norma de Emergencia vetada por el Presidente.
Aquella incomodidad para el Gobierno es precedida por una relación fría entre la Conferencia Episcopal Argentina y el presidente Milei, quien ha tenido gestos mucho más cordiales con la comunidad judía y la evangélica desde que llegó a la Rosada.
CRÍTICAS AL MODELO
El libertario llegó al Gobierno con una legión de obispos argentinos seguidores fieles de la prédica del fallecido Jorge Bergoglio, que León XIV ha prolongado y en algunos casos profundizado con sello propio. Ha sido obvio en los casi tres años de mandato de Milei, con especial hincapié en el último año, que los prelados locales han cuestionado desde sus lugares de evangelización las líneas generales del modelo económico libertario y las maneras agresivas, muchas veces irrespetuosos y escatológicas, del Jefe de Estado.
Existen documentos de la jerarquía eclesiástica que hablan del impacto sobre los más débiles del tremendo recorte del gasto público aplicado por Milei cuando recién asumió (el Presidente lo resalta acaso como su mayor logro, al que define como el ajuste más grande la historia) y de la ausencia de la veta sensible en el mundo libertario. No ayuda en la relación entre estos dos actores, Iglesia y Presidente, que este último se burle de los que no llegan a fin de mes o reduzca ese concepto a una mentira pergeñada por los que no lo quieren. Lo estarían refutando los muchos comedores que manejan las parroquias, dueñas de un termómetro social único. En especial en los Conurbanos de las grandes ciudades.
Dato: un estudio de todos los documentos publicados por la Conferencia Episcopal Argentina entre enero de 2024 y septiembre de 2026, realizado por la investigadora del Conicet Sol Prieto, reveló que 44 contienen referencias a políticas públicas o la situación del país y 42, o sea el 95%, tiene una posición crítica.
“El Papa se va a encontrar con una Argentina herida, donde la intolerancia está a la orden del día”
CUESTIONAMIENTOS
Los cuestionamientos han enfatizado la necesidad de que el Estado atienda, en particular, a los jubilados y pensionados, a las personas con discapacidad y a los niños. Así, la Iglesia asoma en Argentina como “uno de los actores institucionales con mayor sistematicidad en señalar los costos sociales del ajuste”, según ese trabajo.
Dentro de ese discurso cáustico, hay actores que han sobresalido. Como el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva. “El Papa se va a encontrar con una Argentina herida, donde la descalificación y la intolerancia están a la orden del día; una Argentina donde duele un porcentaje muy grande de hermanos que están pasándola muy mal, hermanos muy pobres desde hace muchos años. Una Argentina que está en crisis hace muchos años”, dijo hace poco.
Es obvio que León XIV llegará con ese bagaje y que sus palabras, siempre con el tono respetuoso que dan 2 mil años de diplomacia vaticana, están destinadas a enfatizar lo que la iglesia considera, acá y en cualquier lugar del mundo, injusticia, deshumanización, maltratos.
El mileísmo lo sabe, convive con esa incomodidad y respetará sin pestañar lo que diga el Santo Padre. Queda para Milei la satisfacción personal, módica pero real, de saber que es el primer Presidente en recibir a un Papa desde Raúl Alfonsín.
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