La ola polar que golpea a La Plata, con temperaturas bajo cero y una sensación térmica que llegó a niveles extremos, volvió a dejar al descubierto una realidad preocupante: varios servicios esenciales de la Ciudad muestran falencias que se agravan justamente cuando más se los necesita.
Los cortes de luz, la baja tensión en numerosos hogares, las restricciones en el suministro de gas, los problemas para cargar GNC, las escuelas con dificultades para calefaccionar sus aulas y las industrias obligadas a frenar su producción conforman un cuadro que excede la suma de reclamos aislados. Se trata de una señal de alerta sobre la fragilidad de una infraestructura que no logra responder adecuadamente frente a una demanda previsible en pleno invierno.
En distintos barrios, vecinos denuncian cortes prolongados y niveles de tensión tan bajos que impiden utilizar electrodomésticos básicos. La situación se vuelve aún más grave en zonas que no cuentan con red de gas natural y dependen exclusivamente de la electricidad para calefaccionarse, cocinar o calentar agua. Allí, un apagón no representa solo una incomodidad: implica quedar completamente desprotegido frente al frío.
También preocupa lo que ocurre en las escuelas. La decisión de modificar horarios de ingreso para evitar que los alumnos permanezcan expuestos a las temperaturas más bajas puede ser razonable como medida de emergencia, pero no debería convertirse en una respuesta habitual ante problemas de calefacción o infraestructura. Aulas sin condiciones adecuadas, vidrios rotos o sistemas que no funcionan revelan una deuda que afecta directamente el derecho a estudiar en condiciones dignas.
El impacto, además, alcanza al trabajo y la producción. Las restricciones de gas paralizaron plantas industriales que dependen de ese insumo para funcionar, con pérdidas económicas, incertidumbre y riesgo sobre equipos que requieren un mínimo técnico para no deteriorarse. A la vez, el faltante de GNC afecta a taxistas, remiseros y transportes escolares, que ven comprometida su actividad diaria por la falta de prioridad efectiva en la carga.
La crisis energética también se expresa en problemas más cotidianos, pero igualmente relevantes, como luminarias públicas sin reparar durante semanas. En invierno, cuando oscurece temprano y las condiciones climáticas son más duras, la falta de alumbrado no solo deteriora la calidad de vida, sino que aumenta la sensación de inseguridad y abandono.
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