Otra vez las tormentas y lluvias volvieron -en menor medida, claro está- a la Región y después de ellas regresará la ola de frío, en una situación que volvió a activar el alerta amarillo frente a la recurrencia de un clima que en este año no dejó de hacerse sentir, a veces por su intensidad y otras por su recurrencia.
Lo cierto es que desde anteanoche, por prevención volvió a encenderse el alerta amarillo, tal como lo informaron desde el área de Hidrometeorología de la Municipalidad de La Plata y lo corroboraron datos del Servicio Meteorológico Nacional.
Cabe consignar que en materia meteorológica el “alerta amarillo” indica que la zona podrá verser afectada por fenómenos climáticos con eventual capacidad de causar daño, como lluvias intensas, fuertes vientos o granizadas. Tales fenómenos, se indicó, son pasibles de causar cortes de luz -que ha pasado en algunos aún sin temporal-, anegamientos y otros problemas, aunque sin la gravedad que alcanzan los niveles de alerta naranja o rojo.
En cuanto al anticipo de una nueva ola polar, se aseguró que llegará a la Región en las jornadas de este fin de semana, con temperaturas mínimas que podrían rondar los 2 grados.
Los especialistas anticiparon que estos fenómenos meteorológicos llegarán, hasta en primavera, con precipitaciones abundantes en periodos cortos, ráfagas intensas, ocasional caída de granizo y actividad eléctrica.
A grandes rasgos parece pertinente recordar los términos de un informe ofrecido a inicios de este año por la Organización Meteorológica Mundial, revelador de que la Argentina sufrió 28.775 inundaciones en los últimos veinte años, lo que equivale a un promedio de 1.400 por año y 30 por semana. Ello ubicó al país entre los más afectados en el planeta por este tipo de desastres climáticos, en una situación que debiera impulsar a las autoridades a promover acciones tendientes a prever y minimizar el efecto de esos fenómenos.
Es de esperar, entonces, que tal como lo vienen reclamando meteorólogos y otros especialistas, se conforme en distintas jurisdicciones del Estado no solo una más eficaz estructura de defensa civil, sino que se adopten los resguardos urbanísticos para evitar que las malas planificaciones y ejecuciones de obras –en especial la instalación de nuevos asentamientos -sin servicios públicos esenciales, entre ellos el correspondiente a las redes de desagües pluviales- agraven las secuelas de la crisis climática.
Al mismo tiempo, los sistemas de salud, que ya están demandados por un fuerte crecimiento de las enfermedades respiratorias, debieran reforzar sus guardias en estas jornadas.
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