La actividad de las escuelas públicas de la Provincia podrá volver a verse resentida la semana venidera ya que, en particular, en nuestra ciudad y en su zona de influencia se sumarán una jornada de perfeccionamiento el lunes y dos jornadas de protesta el martes y miércoles convocadas por un sector de un gremio docente.
En cuanto a las medidas de fuerza, la lista Multicolor del Suteba, sector opositor a la conducción del gremio, anunció un nuevo plan de protestas que incluye una movilización a La Plata y un paro de actividades. La medida fue definida tras un encuentro del que participaron docentes de varios distritos en los que tiene actuación el sector. Según informaron, la marcha hacia la capital provincial se realizará este martes, mientras que el miércoles llevarán adelante un paro por 24 horas.
Ante la reiteración de reclamos, se ha señalado siempre, en forma reiterada, que el derecho de huelga y de reclamar ante las autoridades está fuera de toda discusión. Aunque lo que sí puede marcarse como dato de la realidad es que la efectividad no parece acompañar a este tipo de reclamos, mientras que sí puede afirmarse que los millones de alumnos que encuentran a sus aulas cerradas son las víctimas directas. Pero además de los chicos, es el país todo, el que ve con preocupación que el aprendizaje escolar está cayendo en picada, condicionado por muchos factores negativos.
Según los registros docentes la conflictividad laboral de los docentes encontró, desde el retorno de la democracia, la mayor pérdida de días de clases en 1988 durante la administración Alfonsín. Allí fueron 45 días de huelga, en lo que se llamó el “Maestrazo” impulsado por Ctera. Le siguieron en magnitud los años 1990 (con 25 días sin clases por paros) y 1989 (con 23 días). Claro que a estas cifras deben sumarse los feriados, en donde la Argentina va en los primeros lugares en el mundo por cantidad de días sin clases. Como promedio, se considera que se pierde un mes de clases por año debido a estos motivos.
En los países desarrollados, con economías y democracias sólidas, las huelgas docentes ocurren en forma muy esporádica. En países comunistas, con partidos políticos únicos, como China, Rusia o Cuba hay 0 (cero) días de paros escolares. La educación de los chicos pasa a ser prioritaria en los cuatro puntos cardinales del planeta, aunque, como bien se sabe, no en todos los países.
Si hiciera falta un dato histórico, que surge a partir de un episodio tan estremecedor como fueron las bombas atómicas que cayeron sobre Hiroshima y Nagasaki, a los pocos días de la destrucción de ambas ciudades el gobierno de Japón instrumentó medidas de emergencias inmediatas y las comunidades locales priorizaron el regreso de los chicos a aulas improvisadas, por considerarse que la educación escolar era el eje central de la recuperación de ese país.
Creer que los días de clase perdidos para los alumnos se podrían recuperar con alguna fórmula pedagógica sería suponer que en las aulas se puede hacer magia. Lo que correspondería, por lo pronto, es que se aproveche cada día, cada hora y cada minuto hábiles para inculcarles a los escolares un aprendizaje y una formación consistentes.
Tampoco debiera suponerse que se apunta a desmerecer el ejercicio de ningún derecho constitucional. La clase política debiera cobrar conciencia de que garantizar la continuidad del ciclo escolar se ajusta a la preocupación prioritaria de que la infancia y adolescencia del país se encuentren debidamente preparadas para la vida. En la jerarquización docente y en la continuidad escolar reside una de las claves de la formación educativa. Los chicos no están para seguir perdiendo días de clases. Si eso continuara ocurriendo, nada positivo podrá sobrevenir.
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