Axel Kicillof parece convencido de que si llega al mes de marzo del año que viene como el referente peronista mejor instalado, sus adversarios y detractores deberán rendirse ante la evidencia. Que la amenaza interna sobre su proyecto político perderá fuerza y, en consecuencia, su candidatura se impondrá por peso propio.
Es una apuesta que conlleva no pocos riesgos y que ya comenzó a ser desafiada. Cristina Kirchner resiste la idea de que el mero paso del tiempo deje a su ex protegido político abrazado al premio mayor. Menea la idea de una candidatura propia abrazada a la esperanza de que la prohibición judicial para ejercer cargos públicos pueda encontrar remedio en el planteo que sus abogados llevaron al Comité de Derechos Humanos de la ONU, pero al mismo tiempo busca nombres alternativos que no abundan,
En los últimos días volvió a escena la alternativa de Eduardo “Wado” De Pedro, acaso con la idea de instalar a un dirigente del riñón K y salir al cruce de murmullos y reproches solapados respecto de que ninguno de los candidatos a presidente que eligió Cristina en las sucesivas etapas (Daniel Scioli, Alberto Fernández y Sergio Massa) portó el ADN K.
A Kicillof le comienza a aparecer otro competidor, pero con nombre y apellido: Sergio Massa. El tigrense blanqueó en una cena que mantuvo con un grupo de intendentes del Conurbano que está dispuesto a jugar. Trabajará por una candidatura presidencial y verá hasta dónde llega. Sueña con elevar su ponderación pública para robustecer sus chances; también, con que ese factor termine decidiendo a la ex presidenta a brindarle su apoyo, tal como ocurriera en 2023.
La sombra de Massa se proyecta además sobre la Provincia. La idea de una candidatura a Gobernador también aparece en el menú del Frente Renovador aunque nadie parece autorizado a exponerla en público. “Por qué diría que quiere suceder en el cargo a Kicillof si esa candidatura ya la tiene”, exageran cerca del ex ministro de Economía. La opción, como se ve, está abierta.
Kicillof, mientras construye su proyección nacional, es apuntado tanto por sectores del oficialismo como de la oposición. La inseguridad es un blanco apetecible para golpear sobre un aspecto de su gestión que una y otra vez queda bajo la lupa en la medida que suceden hechos delictivos resonantes.
El asesinato de un joven en José C. Paz generó la ira vecinal y el reclamo de las autoridades municipales para que la Provincia “se haga cargo”. El planteo de la comuna que controla el senador cristinista Mario Ishii dejó expuesta, más allá del planteo genuino, la disputa en el peronismo.
Otro episodio delictivo que ocurrió en Morón terminó siendo leído en clave de esa pelea. Los concejales libertarios y de la UCR pidieron la interpelación del intendente Lucas Ghi. Al final, el alcalde deberá ir a explicar lo que su gestión desarrolla en materia de seguridad frente al Concejo Deliberante producto de que al reclamo se sumaron los ediles que responden al ex jefe comunal Martín Sabbatella. La interna otra vez en escena: Ghi responde al esquema de Kicillof mientras que Sabbatella reporta a Cristina Kirchner.
Los legisladores libertarios hicieron lo suyo. Apuntaron directamente al ministro de Seguridad, Javier Alonso, que viene cumpliendo un rol dual en medio de la gestión y la proyección nacional de Kicillof: ejerce su función como encargado de una de las carteras más sensibles de la Provincia y es, al mismo tiempo, uno de los integrantes del gabinete que realiza visitas y recorridas por las provincias en busca de dotar de musculatura política al Movimiento Derecho al Futuro.
Diputados y senadores de La Libertad Avanza quieren que Alonso concurra a ambas cámaras a explicar las medidas que despliega la Provincia para prevenir el delito. ¿Encontrará ese pedido alguna solidaridad entre legisladores del PJ críticos a Kicillof?
Mientras tanto, entre los intendentes kicillofistas empieza a ganar la pesada certeza de que esta vez el Gobernador no desdoblará las elecciones. Los alcaldes piden que se adelanten, pero Kicillof parece encaminado a que ambos comicios sean el mismo día para garantizar que todos traccionen para su eventual postulación. Tampoco están logrando que se destrabe en la Legislatura el proyecto para habilitar sus reelecciones.
Ese mismo poder territorial, aún con sus diferencias a cuestas, reclama por la sucesión de su jefe político. Pero tampoco percibe señales claras de que esa pretensión tenga, al final, quién defienda sus intereses.
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