La Región Capital de la provincia de Buenos Aires ya existe en la vida cotidiana de sus habitantes, aunque todavía no en su gobernanza. Falta construir la capacidad política para pensarla, planificarla, y financiarla como una sola región.
La Región Capital ya existe. Existe en el más de millón de personas que habitan sus municipios, en quienes cruzan diariamente sus límites para trabajar, estudiar, o realizar cualquier otra actividad. Existe en el agua que comparten, en las rutas que los conectan, en los centros de estudio o de salud. Lo que está en construcción no es la región, sino la capacidad política e institucional para pensarla, planificarla y proyectarla como unidad.
Durante demasiado tiempo, la organización municipal funcionó como si cada distrito fuera una isla. Pero los problemas decisivos ya no respetan esas fronteras. La expansión de las ciudades a nivel global, y la prolongación de la trama urbana de un municipio, modifica la movilidad del vecino. Una decisión sobre el uso del suelo, repercute sobre toda la cuenca; y el puerto, por su parte, no puede separarse de sus accesos, la vivienda, los residuos, la producción, el ambiente y el transporte. Son todas dimensiones que tienen una escala que excede cualquier jurisdicción local.
Dos escalas
La Región Capital debe comprenderse en dos escalas complementarias. La primera tiene que ver con su núcleo metropolitana. La Plata, Berisso y Ensenada forman un continuo urbano y social que comparte movilidad cotidiana, universidades, hospitales, empleo público, actividad industrial, infraestructura y un mismo sistema portuario. La integración no es una hipótesis. Es una experiencia diaria que todavía carece de una gobernanza equivalente.
La segunda, es la Región Capital ampliada. Integrada también por Brandsen, Magdalena y Punta Indio. Esa escala conecta el área metropolitana con territorios rurales, productivos, costeros y ambientales decisivos. Permite pensar los alimentos, el turismo, las cadenas de valor, la logística y la expansión urbana con una mirada más equilibrada. No todos los municipios tienen los mismos problemas ni las mismas capacidades, pero precisamente por eso, necesitan una agenda común que articule diferencias y complementariedades.
La creación del Consorcio de Gestión y Desarrollo de la Región Capital fue un paso relevante. Reconoció institucionalmente una realidad que la cotidianeidad ya había construido. Sin embargo, debe asumir nuevos desafíos. Una región comienza a existir políticamente cuando puede acordar prioridades, producir información compartida, coordinar inversiones y sostener decisiones más allá de las urgencias de cada municipio.
Capitalidad activa
La Plata tiene una responsabilidad particular. La capitalidad debe ser una función activa. Debe producir conocimiento, coordinar capacidades, formar dirigentes, anticipar problemas y ofrecer una visión para el conjunto de la Provincia.
Pocas regiones argentinas concentran tantos activos estratégicos en tan poco territorio. Cada institución desarrolla su agenda, cada municipio atiende su urgencia y cada sector defiende su interés. El resultado es una región sin un proyecto compartido.
Durante la última década, la ocupación urbana de La Plata aumentó más de un 30 por ciento. Una superficie equivalente a 1,4 veces su casco fundacional. La pregunta, entonces, no es si la región continuará creciendo. La pregunta es cómo lo hará, hacia dónde y con qué infraestructura. Si cada municipio decide en soledad, la expansión seguirá multiplicando costos, distancias y conflictos. Si la región construye criterios comunes, puede orientar el crecimiento.
“La expansión de las ciudades y la prolongación de la trama urbana de un municipio, modifica la movilidad del vecino”
La Región Capital necesita una agenda corta, concreta y medible. Asuntos que requieren continuidad, equipos técnicos y mecanismos de decisión compartidos. También necesita datos regionales. No se puede gobernar aquello que no se observa como una un todo, de manera integral. ¿Cuántas personas se desplazan diariamente entre los seis municipios? ¿Dónde se concentra el empleo? ¿Qué zonas crecerán en los próximos diez años? ¿Qué obras producirían mayor impacto regional? ¿Cuánto cuesta la descoordinación? Sin indicadores comunes, cada jurisdicción ve apenas una parte del problema.
La planificación, además, debe estar asociada al financiamiento. La región puede convertirse en una escala adecuada para formular proyectos, acceder a fondos nacionales e internacionales y establecer prioridades de inversión. Las obras más transformadoras suelen exceder el presupuesto y el territorio de un solo municipio. Presentarlas como proyectos regionales aumenta su viabilidad, su impacto y su legitimidad.
Agenda compartida
Construir una Región Capital no significa fusionar municipios ni crear una nueva burocracia. Significa dotar de capacidad de coordinación a aquello que ya funciona de manera interdependiente. Los intendentes y la provincia pueden conducir el proceso, con la incorporación de todo el conocimiento y los actores disponibles.
“Construir una Región Capital no significa fusionar municipios ni crear una nueva burocracia”
Una región se fortalece cuando sus habitantes reconocen que forman parte de un territorio común, comprenden cómo se toman las decisiones y pueden evaluar sus resultados. Sin identidad regional, cualquier arquitectura institucional será frágil. Sin instituciones, esa identidad quedará reducida a una expresión geográfica.
El verdadero desafío es pasar de compartir problemas a construir soluciones. Pero esa posibilidad no surgirá por acumulación espontánea. Requiere una visión, una agenda, recursos y conducción política.
SUSCRIBITE a esta promo especial