Los cortes en el suministro de electricidad que casi diariamente sufren algunas barriadas del Gran La Plata, aparentemente, son considerados como un hecho normal e inevitable que no merece explicaciones por parte del Organismo de Control de Energía Eléctrica de la Provincia de Buenos Aires (OCEBA). El viento, el calor, el frío, la lluvia o el exceso de consumo son las excusas recurrentes para justificar las vicisitudes a las que están sometidos, cada vez con mayor frecuencia, los habitantes de la región.
Los responsables de OCEBA deben contar con expertos que fundamentan la disparatada teoría de que la normalidad en la prestación del servicio eléctrico es, justamente, que se interrumpa; a veces por horas, otras por días enteros. Basándose en esa premisa, se ha llegado al extremo de no informar jamás de manera adecuada sobre los motivos reales de los cortes.
Solo después del incendio de la subestación de Tolosa, OCEBA anunció que se resarciría a los afectados. Se trataba de vecinos en situaciones dramáticas -como las personas electrodependientes-, decenas de comerciantes con graves perjuicios económicos y familias que pasaron noches a oscuras, sin poder recargar las baterías de sus celulares ni contar con servicios de alarma para alertar a la policía sobre delincuentes que aprovecharon la indefensión para ingresar a las viviendas.
Sin embargo, cuando se conocieron las cifras que trascendieron y que serian descontadas de las próximas facturas, parecieron una burla grotesca. Para coronar la situación, el presidente de OCEBA, al responder la pregunta de un periodista, afirmó que la subestación nunca había sido inspeccionada porque “nunca había tenido problemas”. En contraste, el presidente de la junta vecinal de Tolosa aseguró que las fallas en los transformadores eran evidentes y de larga data en el barrio. Lo peor es que el organismo de control pareció ignorar por completo esa realidad.
Es de imaginar que, si esos reclamos llegaron a su conocimiento, el organismo adoptó la conducta que lo caracteriza: ignorar que la red de distribución del Gran La Plata adolece de deficiencias insalvables que no pueden solucionarse con meros remiendos, sino que requieren inversiones estructurales. Además, bajo ese criterio, OCEBA estaría actuando únicamente tras la ocurrencia de desastres graves y no velando por el mantenimiento preventivo de la red. Al intervenir solo “a posteriori”, deja de funcionar como un verdadero organismo de control.
Por su parte, los sucesivos propietarios de EDELAP nunca hicieron público un plan integral de renovación del cableado —ya muy antiguo en varias zonas— ni de los transformadores que funcionan de milagro, colapsando crónicamente hasta que el esforzado personal de la empresa los repara de forma provisoria hasta el próximo corte.
Evidentemente, EDELAP goza de impunidad y OCEBA ha aceptado implícitamente que, sin importar quién sea el concesionario del servicio, este tiene el derecho de mantener una red obsoleta cuyas fallas alteran la vida cotidiana de los vecinos, con el agravante de que en varias zonas el bombeo de agua corriente depende directamente de la provisión de energía.
Ni los directivos de EDELAP ni los de OCEBA deben residir en La Plata; de lo contrario, tendrían plena conciencia de cómo se atenta a diario contra la calidad de vida de los habitantes de la capital bonaerense.
SUSCRIBITE a esta promo especial