Una vez más y en otra de sus numerosas reuniones que sostienen con autoridades policiales y del área de Seguridad, en esta oportunidad quienes son vecinos de Tolosa –si bien valoraron un reciente operativo de saturación desplegado por la Policía en ese barrio- volvieron a señalar que lo que necesitan es una presencia permanente de efectivos en las calles, además de más monitoreos mediante cámaras y una respuesta más rápida ante las denuncias de que está ocurriendo un delito en proceso.
Otro punto saliente del encuentro fue el que marcaron también los vecinos, consistente en la utilización por los delincuentes de motos para cometer asaltos callejeros, en lo que resulta ser una modalidad que sigue sumando víctimas.
Tal como se informó en este diario, la inseguridad continuó golpeando en las últimas jornadas a los vecinos de Tolosa y Ringuelet, donde los reclamos se sostienen en el tiempo.
Y si bien por esa compleja situación la Policía dispuso de un nuevo operativo de control durante las últimas horas, que incluyó puestos de identificación en distintos sectores de ambas jurisdicciones, secuestros de motocicletas y varias aprehensiones, las conclusiones dominantes fueron las recién mencionadas.
Como resultado del denominado operativo de saturación, fueron identificadas unas 300 personas y 120 motocicletas, lográndose la aprehensión de seis personas (cuatro mayores y dos menores), la captura de dos individuos con requerimientos judiciales, el secuestro de una moto vinculada a un robo y otras 29 motocicletas por distintas anomalías.
Sin embargo y en ese contexto, mientras se resaltaban los resultados de estos procedimientos, una noticia volvió a dejar a todos preocupados. Fue el ataque que sufrió un agente municipal de 56 años, que fue sorprendido por dos motochorros armados cuando salía de su vivienda de la calle 23 entre 524 y 524 bis para dirigirse a su trabajo. Uno de ellos descendió del vehículo y lo golpeó violentamente por la espalda antes de amenazarlo de muerte para robarle sus pertenencias.
Lo cierto es que en los últimos años, en los numerosos encuentros sostenidos por vecinos con autoridades de seguridad, no hubo uno en el que el reclamo principal no hubiera sido el de acentuar la presencia policial en las calles.
Se ha dicho ya que la fuerza policial debiera desentenderse de muchas actividades administrativas, para volcar toda su presencia en la vía pública.
El temor y el enojo se expande en distintas localidades, azotado ahora por asaltos domiciliarios muy violentos. Y lo cierto es que los vecinos platenses desde hace muchos años se vienen reuniendo con las autoridades, sin que se adviertan mejoras, sino todo lo contrario.
Se habla no sólo de una presencia preventiva, sino de una mayor inserción de los efectivos con la vida social de cada barrio, recuperándose así una relación que debe restablecerse y que, en la vida práctica, también se traducirá en un crecimiento de los hoy muy bajos niveles de seguridad existentes.
Mientras tanto, como ya se advirtió desde esta columna, la falta de respuestas institucionales a los cada vez más bajos niveles de inseguridad que reinan en la Región se vino reflejando en una serie de medidas que fueron adoptando los vecinos en busca de encontrar fórmulas de defensa frente a una delincuencia cada día más activa y peligrosa.
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