Ninguna objeción podría plantearse ante la organización periódica –no frecuente, claro está- de maratones que utilicen en su recorrido calles de cualquier ciudad, como ocurre desde hace muchas décadas en tantas partes del mundo y también en nuestro país. Sin embargo, en todos esos casos resulta esencial que se también se garantice la mayor fluidez posible del tránsito automotor y del transporte de pasajeros.
Tales consideraciones se formulan a partir de los reclamos de muchos vecinos por los trastornos sufridos a partir de los numerosos cortes de calles registrados en el casco céntrico, para la realización de la Cuarta Edición de la Maratón La Plata.
Hubo casos de personas que debieron circular largo tiempo –algunos de ellos en taxis, remises y coches de aplicación- y que perdieron largos minutos para acceder a los lugares a los que acudían, en una situación que perjudicó por igual a automovilistas que manejaban sus vehículos o a pasajeros, que vieron demorados sus viajes en ómnibus por los desvíos que obligaban a circular por otras calles.
Como se sabe, el día anterior al de la maratón, la Municipalidad había informado sobre un operativo especial que impedía el tránsito en varias y amplias zonas de la Ciudad, disponiéndose para ello un total de 153 cortes al tránsito distribuidos en un radio comprendido entre la avenida 122 y calle 26 –esto es desde varias cuadras antes de las vías del Roca hasta pasando el Estadio Unico- y desde la avenida 532 hasta la calle 55, es decir pasando una cuadras la plaza Moreno.
Tal como se dijo en esta columna hace tres años, cuando por una maratón se cortó de noche el camino Centenario –uno de los accesos principales a la Ciudad- desde City Bell hasta Gonnet, para permitir el paso de un maratón- se originaron entonces pérdidas de tiempo, embotellamientos, dudas sobre los derroteros alternativos a seguir y hasta temor entre los vecinos del lugar al ver sus calles congestionadas, entre otros de los muchos trastornos causados.
A grandes rasgos y siguiendo el criterio de juristas y urbanistas corresponde ponderar que se le debe la mayor consideración al concepto de espacio público, como valor social y lugar de propiedad de uso común.
En esos espacios que cumplen distintas funciones, como las de canalizar el tránsito automotor o habilitar la presencia de los peatones. La libre circulación de ambos contingentes no debiera verse restringida por ningún motivo, salvo en modo excepcional y limitado a pocas circunstancias.
El del espacio público es uno de los principios esenciales de la vida social y por ello no sólo deben ser rechazadas alternativas como el cierre de caminos principales o la realización de numerosos cortes, tanto como todas aquellas otras ocupaciones ilegítimas que restringen a la población el espacio para caminar por las veredas o la utilización de las plazas y paseos para usos recreativos.
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