FARMACIAS
Andrés Salinero expresa: “El sábado próximo pasado por la tarde tuve la imperiosa necesidad de adquirir una medicación para la hipertensión que se me había terminado de manera repentina. Recorrí a pie las farmacias de mi barrio (céntrico) y comprobé que todas las farmacias estaban cerradas, y no tengo auto para ir a una farmacia de turno. Es indignante comprobar en los hechos que las farmacias disponen sus horarios a voluntad, como si fueran almacenes o kioskos, cerrando durante gran parte de la tarde y los fines de semana, cuando la realidad indica que deberían estar abiertas las 24 horas, los siete días de la semana. Obviamente esto implicaría una erogación extra para los dueños de esos establecimientos, pero respondería a una necesidad social impostergable y muchas veces urgente. El evidente voraz apetito por las ganancias que tienen los directivos farmacéuticos tal vez se vería disminuido, pero ellos deberían entender que deben responder a necesidades básicas de la sociedad que les da de comer y mucho más, y para esto debe intervenir el Estado, ya que jamás tomarán esta medida por ellos mismos”.
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