Esta vez fue un automovilista el que perdió la vida en la Ruta Provincial 36 al protagonizar un choque de frente contra un camión, a la altura de la localidad de Vieytes (partido de Magdalena). El trágico episodio volvió a poner de relieve el elevado grado de peligrosidad que exhibe esta arteria, en especial en los tramos más transitados y poblados correspondientes a los distritos de Berazategui y La Plata, con un riesgo que se acrecienta notablemente durante la noche.
A rasgos generales, debe señalarse el deficiente estado que sufren múltiples rutas de la provincia de Buenos Aires, entre ellas la 36, que integran las redes camineras que conducen a la costa atlántica.
Este deterioro representa una prioridad urgente para la infraestructura vial provincial, sobre todo en el trayecto que atraviesa los partidos de Berazategui, La Plata y Magdalena, donde el caudal vehicular es constante durante todo el año.
Además de la imprudencia con la que conducen algunos automovilistas, la falta de carriles separados, la proliferación de pozos y ondulaciones, el escaso alumbrado público y la deficiente señalización integran un conjunto de fallas estructurales históricas.
A este panorama se suma que, por atravesar zonas periurbanas densamente pobladas y productivas —como el cordón hortícola platense—, en este tramo coexisten dinámicas de tránsito incompatibles: los vehículos particulares de turistas a gran velocidad conviven con camiones de carga pesada, colectivos de larga distancia, camionetas de productores locales, motos e incluso bicicletas que transportan diariamente a vecinos de todas las edades.
Especialistas en seguridad vial ubican a estos tramos de la Ruta 36 entre los de mayor siniestralidad del parque vial bonaerense. En los últimos años ha adquirido el triste calificativo de “ruta de la muerte” o “ruta trágica”, una denominación que décadas atrás pesaba sobre la Ruta 2 antes de la construcción de la autovía y las obras de duplicación de calzada.
Debe también ponderarse el hecho de que la ruta atraviesa una de las zonas florícolas y frutihortícolas más activas de la Región, ubicada básicamente en Los Porteños y Colonia Urquiza, de modo que son también centenares los camiones y camionetas que se suman ahora, en forma cotidiana, a la ya sobrecargada ruta 36, que concentra entonces vehículos de distinto porte y que circulan a velocidades muy diferentes unos de otros.
Esta peligrosidad constante se traduce en reiterados reclamos de vecinos de localidades como Lisandro Olmos, Abasto, Colonia Urquiza, Los Porteños, El Pato y El Peligro. Los habitantes de estas zonas han encabezado protestas y petitorios exigiendo desde la colocación de semáforos, luminarias led y reductores de velocidad, hasta la construcción de rotondas y accesos seguros a barrios y escuelas rurales que lindan con la traza.
Las estadísticas oficiales y los trágicos desenlaces cotidianos exigen que los operativos de control vehicular e inspección no se limiten únicamente a las temporadas de vacaciones o fines de semana largos, sino que mantengan una presencia permanente.
Esto debe funcionar como una medida de contención inmediata mientras se proyecta y ejecuta una solución de fondo: la transformación integral de la ruta en autovía o traza con calzadas separadas, banquinas asfaltadas, iluminación continua y señalización adecuada.
De lo contrario, la tragedia seguirá siendo la constante sobre la Ruta 36.
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