Las pantallas de internet dificultan la comprensión lectora de los menores de 15 años de edad. Tal conclusión surgió de un análisis sobre el impacto de los dispositivos digitales en los hábitos de lectura. Y los especialistas advierten que el problema no se presenta únicamente cuando se lee, sino también cuando se procesa la información.
La definición partió de los resultados de PISA 2025 que, según se reflejó en la edición de ayer de este diario, mostraron una caída de 28 puntos en lectura respecto de 2015 entre decenas de países cuyos alumnos fueron examinados.
El informe también detectó un aumento de la denominada “lectura apresurada”: propia de estudiantes que recorren rápidamente las redes los textos y terminan respondiendo de manera incorrecta.
Se trata no de una novedad, sino de un dato que va siendo corroborado en distintos sistemas educativos vigentes en el planeta. Hace seis meses –y en lo que toca también a aspectos vinculados a la salud mental de los menores- Francia aprobó una regulación considerada entre las más estrictas de Europa, que les prohíbe el acceso a las redes sociales en las escuelas, por el alto impacto que causan sobre la salud mental.
La medida que suena restrictiva, fue fundamentada en cambio como una adecuación de las actitudes humanas frente al vertiginoso crecimiento tecnológico, que por un lado presenta maravillosos desafíos culturales, pero que, por el otro, también plantea la aparición de riesgos
El último informe de PISA vinculó además el menor rendimiento intelectual de los menores a determinados usos de los dispositivos digitales.
Acudir a celulares y a otros equipos digitales durante las clases puede generar distracciones, especialmente cuando intervienen notificaciones y redes sociales.
Una exposición permanente a contenidos breves y fragmentados puede reducir el tiempo dedicado a procesos como la inferencia, la reflexión y el análisis, alertó una conocida neurocientífica. Y los especialistas también señalaron que el desarrollo de la comprensión comienza antes de aprender a leer.
El lenguaje oral, las conversaciones y la interacción con adultos contribuyen a construir habilidades que luego resultan necesarias para interpretar textos.
A este escenario se sumó la expansión de la inteligencia artificial. Según PISA 2025, el 46 por ciento de los estudiantes utiliza chatbots al menos una vez por semana para ayudarse a aprender.
Sin la finalidad de dramatizar, sólo ateniéndose a los datos de la realidad, deben ponerse también en la mesa de los análisis fenómenos como la ludopatía infantil, la adicción a las drogas, los delitos sexuales, la incorporación cotidiana a través de las redes a las numerosas transgresiones y figuras penales en que puede sumergirse el universo de los menores.
El aspecto educativo y estos añadidos avalan con creces alzar la guardia e impulsar medidas restrictivas, como las que se van tomando en muchos países.
Se trata, entonces, de incorporar a las legislaciones nacionales criterios de cuidado, que contemplen, además de mejores métodos para absorber conocimientos, defender a rajatabla la privacidad y seguridad de los menores frente a una expansión sin control de las redes sociales.
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