Un informe publicado ayer en este diario puso de relieve que, en lo que va del primer semestre de 2026, la cantidad de víctimas fatales por accidentes de tránsito en la Región trepó a 24 personas. En las últimas horas dos mujeres perdieron la vida, una en City Bell y la otra en la zona de El Peligro.
Si se toma en cuenta que el segundo semestre, en especial cuando empiezan los meses de octubre, noviembre y diciembre, la dinámica en las calles y rutas se vuelve más conflictiva, no debiera extrañar que a este ritmo se supere el número de 73 personas fallecidas por esta causa el año pasado.
Los últimos episodios resultan alarmantes ya que marcan una tendencia que se repite año tras año y que confirma que convierte a las calles de La Plata, Berisso y Ensenada en escenarios muchas veces dramáticos.
Tal como se dijo en el informe publicado ayer, especialistas en seguridad vial sostienen que detrás de estos hechos suele existir, como causal, una combinación de factores. El exceso de velocidad, las distracciones al volante, el uso del teléfono celular mientras se conduce, las maniobras imprudentes, la convivencia conflictiva entre automovilistas, motociclistas, ciclistas y peatones, además de deficiencias en infraestructura, señalización e iluminación, conforman un escenario de riesgo permanente.
Las estadísticas muestran que la mayoría de los siniestros graves conllevan en forma mayoritaria algún componente humano determinante, así se hable de culpa, imprudencia, negligencia o desconocimiento de las leyes del tránsito, sea este último voluntario o por ignorancia o no acatamiento intencional de las normas.
También se ha mencionado en forma reiterada en las columnas de este diario acerca de la creciente participación de motociclistas en los incidentes viales y, como consecuencia de ello, en su condición de víctimas mayoritarias en estos episodios. La imprudencia de muchos de ellos y la vulnerabilidad que ofrecen ante eventuales impactos explica sobradamente estos resultados.
Más allá de que el azar forma parte también de los factores a tener en cuenta, los especialistas viales no dejan de mencionar la casi absoluta falta de educación vial de que adolecen muchos conductores. Se ha señalado con entera razón que la inmensa mayoría de las personas vive buena parte de sus vidas en la vía pública, ya sea en las veredas como peatón, en los medios de transporte como pasajero o en las calles como conductor de vehículos.
Y que para esos desempeños no recibe en los doce años de educación escolar ninguna enseñanza acerca de cómo debe comportarse. La prudencias, la urbanidad en los comportamientos, son decisivas a la hora de medir comportamientos en las calles.
Esto no implica que las autoridades dejen de ejercer las fiscalizaciones y controles callejeros correspondientes, aplicándose sanciones a los eventuales infractores. Pero con esto solo, está demostrado que no alcanza.
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