En el primer semestre de 2026, la economía creció 2.3% a precios básicos de productor, con 4 sectores liderando la expansión en términos porcentuales: la minería 14.4%, el agro 10.9%, los servicios financieros (6%) y un sector pequeño en términos del producto -la pesca- creciendo casi 35%. Vale la pena notar que el crecimiento se concentró en los Bienes (4.5% promedio anual del semestre), mientras que la expansión de los Servicios fue modesta (0.9%), a pesar de incluir al sector de Finanzas.
Y además se observó una clara desaceleración en el segundo trimestre, ya que, ajustando por estacionalidad, el PBI cayó 0.6% respecto del primero. La explicación es una combinación de menor crecimiento de algunos de los sectores líderes (Finanzas, en particular), junto con un frenazo brusco en otros sectores (Industria, Comercio, Construcción, Administración Pública, Servicios Sociales y Personales).
Ello era un indicio, particularmente en la industria manufacturera, el comercio y los servicios, de que la debilidad podría extenderse varios meses más. En un escenario de frenazo financiero, fuerte caída de la inversión bruta (algo más de 11% en el primer semestre), contracción del empleo formal y de los ingresos reales, e incertidumbre sobre el escenario político, el impacto en la economía era de esperar.
La prima de riesgo subía por factores externos, pero también internos: el diferencial del riesgo argentino con el riesgo latino que se movía entre 150 y 240 puntos básicos en los primeros 8 meses del año saltó a más de 320 p.b. desde inicios de septiembre, para superar los 420 p.b. desde fines de ese mes.
Los datos para el tercer trimestre confirmarían que la economía transitó ese periodo con números muy débiles y con una alta probabilidad de haber repetido una variación desestacionalizada del PBI negativa (lo que, por convención, implicaría haber ingresado a una recesión). Las estimaciones de FIEL sugieren que el crecimiento interanual de todo el segundo semestre no superaría el 0.6% (frente al 2.3% del primer semestre), por lo que el crecimiento del año 2026 completo se ubicaría por debajo del 1.5% -lejos del 3 al 5% que se estimaba en la primera parte del año-.
La explicación de la debilidad del segundo semestre proviene de una nueva desaceleración en el crecimiento de los sectores de Bienes, pero el factor que determina el freno económico está en los sectores productores de Servicios, que en este segundo semestre registran un crecimiento nulo. Para muchos, una perspectiva decepcionante, ya que el corto plazo se proyecta como el escenario que prevalecerá.
Esta dinámica, sin embargo, no parece implicar el comienzo de una recesión prolongada, asumiendo que se mantienen condiciones favorables para los sectores que hoy impulsan el crecimiento (minería, agro), se detiene la contracción real de depósitos y préstamos en pesos, y gradualmente comienzan a rebotar desde el piso la industria (con buen desempeño exportador) y la construcción (con algún aumento de la obra pública).
PROYECCIÓN PARA EL PRÓXIMO AÑO
Nuestras estimaciones sugieren una recuperación del crecimiento para 2027 en el entorno del 2%. No es mucho, y aun así el escenario base para ello es demandante en términos de hipótesis: el clima puede generar algún recorte de las cosechas, los precios internacionales dependen de un escenario muy volátil y asumen que se mantiene el crecimiento mundial, se descarta una corrida sobre los depósitos del sistema financiero como en episodios del pasado, y las expectativas políticas convergen en que la nueva Administración que asuma a fines de 2027 mantendrá el equilibrio fiscal y la apertura económica.
Desvíos de estas hipótesis pueden generar resultados bien diferentes, que no pueden descartarse. En cualquier caso, es poco probable que la economía pueda mostrar en este 2026 una tasa de expansión mayor al 1.5%, puesto que el objetivo de estabilización que domina en la agenda del gobierno no permite desvíos para expandir el gasto fiscal, ni un aumento de la emisión por la compra de reservas, y contempla como un elemento central el ancla cambiaria para, precisamente, “anclar” las expectativas de inflación. En el plano financiero, y en particular para esperar un rebote vigoroso del crédito y los depósitos que permitan movilizar la construcción y otras actividades, se requiere generar la confianza de que los riesgos de corrida o de default son bajos o despreciables. Si la oposición tiene chances de llegar al poder y mantiene un discurso incendiario, la solución pasa por mostrar solidez más allá del discurso propio.
La “bazooka” de dólares es de relativo valor cuando se trata de un arma prestada. Más allá de que pueda disparar en el momento indicado, todos estarán computando no solo cuánta munición queda después de la primera andanada, sino cuál es el daño que causa esa andanada. Una corrida contra el peso puede enfrentarse vendiendo dólares, pero seguramente la caída de depósitos en pesos conlleva -como ocurrió tantas veces en el pasado, en particular durante el Tequila- una corrida de los bancos contra las empresas más solventes para que “devuelvan” inmediatamente sus préstamos.
Se puede resolver la corrida contra los depósitos si se devuelven los préstamos, lo que conlleva una contracción proporcional de la actividad económica. En realidad, una corrida se puede enfrentar con reputación, justamente lo que el Banco Central está en proceso de construir en estos años. Y seguramente también requiere contar con reservas propias, ya que las prestadas por gobiernos (China, EE. UU.), por organismos (FMI, otros multilaterales), o por bancos internacionales, difícilmente permiten colocar deuda voluntaria sin colateral en los mercados.
Todos saben que ante la duda (es decir, cuando las reservas no alcanzan) siempre se honrará primero la deuda de países y organismos y en último lugar el resto de la deuda privada. En ese contexto, es dudoso que el mercado se abra rápidamente. ¿Cómo construir reputación de aquí a las elecciones? Probablemente, tal como ha insistido en señalar Alberto Ades en distintas presentaciones, reflejando una recomendación destacada largamente por FIEL, se requiere pensar en el largo plazo.
CONCLUSIONES
Es decir, avanzar al menos en el análisis de las alternativas y, en lo posible, en la implementación de los temas estructurales de reforma que la Argentina tiene pendientes. Quizás sea el momento de mirar no solamente las políticas de corto plazo que “salven” el año, sino de proponer a toda la sociedad los problemas que deberán ser resueltos por esta y por las próximas Administraciones. En otros términos, se trata de proponer como temas centrales de la discusión pública las cuestiones que deberán ser encaradas más allá de la estabilización. Como siempre, levantar un poco la mira.
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