El caso de venganza vecinal contra un acusado de matar a su novia en Tigre, en una situación que casi concluyó en el incendio de la vivienda en donde no se encontraba el presunto femicida, pero sí su abuela que, afortunadamente, pudo ser rescatada, volvió a poner sobre el tapete el ríspido tema de la justicia por mano propia y, desde luego, el de la necesidad que sea el Estado el que retenga en forma exclusiva el combate contra el delito y no los particulares.
El episodio costó la vida de una joven de 20 años que había denunciado por violencia de género a su ex. En diciembre de 2025 la víctima había expuesto públicamente la situación en las redes y contó que había solicitado una medida perimetral contra su expareja, de 26 años de edad.
Casi diez meses después de aquella publicación y de la denuncia formal ante la justicia que poco antes había formulado, la joven fue encontrada sin vida en su vivienda. El médico de Policía que acudió al lugar constató su fallecimiento. La habían ahorcado y estaba semidesnuda.
Lo concreto es que un grupo de vecinos intentó linchar al presunto femicida, que sin embargo ya se encontraba detenido horas antes en la comisaría de la zona, aunque los manifestantes pensaron que se hallaba en su vivienda, a la que incendiaron.
Lo cierto es que este tipo de acciones relacionadas a lo que se denomina justicia por mano propia se ha extendido en los últimos meses. Un episodio reciente ocurrió en el distrito de Moreno, en donde un joven de 22 años murió por los golpes propinados por dos personas por un robo que había cometido. Las víctimas de ese robo se encuentran detenidos ahora por homicidio agravado.
Incidentes de igual naturaleza se registraron en Campana, cuando un comerciante disparó y mató a un ladrón; en Quilmes, Salta, Adrogué, y en otras ciudades, en donde la justicia vecinal se encargó de repeler y agredir con suma violencia a los acusados de distintos delitos. En nuestra ciudad existieron conatos similares. Los vecinos de un barrio, ante la inseguridad reinante, alertaron con un cartel que decía: “La seguridad la vamos a poner nosotros. El que avisa no traiciona”.
En esa oportunidad, consideraron la idea de contar con vecinos que puedan desplazarse en vehículos, acompañar a quienes llegan a sus casas, permanecer atentos al cierre de los comercios y recorrer las calles durante la noche. La sugerencia aún no cobró cuerpo, pero se analiza a fondo frente a lo que consideran una realidad delictiva que “salió de todo control”.
Se trata en cambio de defender el pleno imperio de la Constitución y las leyes, reclamándole a la Policía que recobre el dominio de la calle, previniendo y reprimiendo toda acción delictiva. Tal como se ha dicho tantas veces, no son los particulares, es el Estado el que debe combatir al delito.
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