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Una tregua precaria, el proyecto que la pone a prueba y la profecía de Cristina

Por Redacción

Axel Kicillof y Máximo Kirchner evitaron cruzar un último obstáculo rumbo a un terreno inhóspito. La cumbre que animaron en la previa a una reunión del PJ bonaerense contribuyó a bajar el renovado escenario de tensión reconfigurado otra vez alrededor de la definición de la candidatura presidencial en un escenario de pelea y crispación.

Se trata de una tregua incómoda y precaria, pero que operó bajo la racionalidad de evitar un nuevo resquebrajamiento del principal partido de la oposición. Asomó justo en medio de un contexto particular: los avatares de un Gobierno nacional que transita una de las etapas más complejas y el esperado arribo del Papa León XIV. El peronismo exhibe síntomas ostensibles de fragmentación, pero primó la idea de ponerle un paréntesis a la disputa por el liderazgo que animan Cristina Kirchner y el Gobernador bonaerense.

A la ex presidenta se le atribuye desde hace algunos meses estar observando un posible escenario electoral para el año que viene que poco tiene que ver con aquella concordia pasajera. Cristina estaría imaginando una contienda entre cuatro listas fuertes: dos que representen a la centroderecha y otras dos al peronismo.

Lo interesante de ese diagnóstico es que es previo a que se precipitara el marcado distanciamiento entre Javier Milei y Patricia Bullrich que algunos presumen - o alientan- podría terminar en una confrontación en las urnas. La otra cuestión remite al propio PJ. ¿Estaría pensando Cristina en enfrentar a Kicillof con un armado político diferente y obviamente otro candidato? ¿Seguirá en pie esa evaluación en medio del proceso de deterioro que sufre la administración libertaria? Son preguntas inquietantes que la tregua pactada por el Gobernador y Máximo Kirchner se niega a responder.

En el medio asoman otros asuntos domésticos. La pelea por las reelecciones indefinidas de los intendentes bonaerenses se inscribe en una puja mayor. Kicillof prometió a sus alcaldes que la reforma para que pueden volver a presentarse saldría de la Legislatura, pero no ha logrado moverse y el tiempo se agota porque en el peronismo se dicen que debería votarse antes de fin de año.

El caso es que algunos alcaldes empiezan a perder la paciencia. El ensenadense Mario Secco apuntó su verborragia contra Sergio Massa, que se opone a cambiar la ley de la que fue coautor junto a la ex gobernadora María Eugenia Vidal. “¿Quién sos, Dios?”, le disparó al tigrense.

Massa, el principal desafiante de Kicillof en la pelea por la candidatura presidencial, vio en ese ataque una oportunidad. El Frente Renovador lanzó un duro comunicado para respaldar su negativa a la reforma, amparándose en la transparencia que supone la alternancia en el ejercicio de la función pública.

El tigrense acaso esté observando otra cuestión en el escenario político: que las opciones de centro que amenazan con establecer una cabecera de playa en el tablero presidencial, se vienen desinflando. Todavía distintos sondeos de opinión marcan que hay una nada desdeñable franja del electorado que se inclinaría por esa alternativa no polarizada. Más allá de que sostuvo su postura respecto de las reelecciones, ¿podría leerse en ese gesto de pasar a la ofensiva con este tema una señal a parte de ese segmento social?

En ese escenario complejo sigue apareciendo el entendimiento entre La Cámpora y el ex candidato presidencial. Es un tándem que trabaja para bloquear a Kicillof. Máximo Kirchner trabaja en sostener la poco probable candidatura presidencial de su madre mientras debe lidiar con el desprendimiento de un antiguo socio: Martín Insaurralde. El ex intendente de Lomas de Zamora mantiene, desde las sombras, una fuerte influencia sobre varios alcaldes independizados de la tutela camporista, aunque sin romper definitivamente con esa organización. Negocian por las suyas y se reúnen con Kicillof a quien no terminan de abrazar. Buscan un destino bajo el sol y pelean por contar con un lugar en la fórmula bonaerense y espacios en las listas en medio del vértigo del peronismo.

Kicillof, mientras tanto, presentó el proyecto de Presupuesto para 2027, el último de su administración bonaerense. Incluye, entre otros, un aspecto llamativo: prácticamente duplica el pedido de autorización para emitir Letras de Tesorería, un instrumento central para hacerse de fondos y sostener el pago de salarios, entre otros gastos ineludibles. Un insumo indispensable para un gobernante-candidato.

Sobre el Presupuesto se empiezan a escuchar especulaciones diversas, también vinculadas a la interna peronista. “Hay que aprobárselo rápido para no permitir que Axel se victimice”, sostienen algunos dirigentes que no quieren al Gobernador. Pero la historia reciente indica que Kicillof debió ceder y transpirar para conseguir que una Legislatura tradicionalmente hostil a sus deseos le vote esa herramienta.

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