El viaje de retorno en ómnibus entre la ciudad de Buenos Aires y la de La Plata se ha convertido en un calvario cotidiano para miles de pasajeros, por las extensas demoras que deben afrontar los usuarios de la Línea 195 (Costera Metropolitana), en una situación que afecta a empleados, estudiantes y vecinos que necesitan regresar a nuestra ciudad al finalizar sus obligaciones.
Antes de formular otras consideraciones corresponde señalar que se habla del transporte de pasajeros entre las dos capitales más importantes del país –la de la Nación y la de la provincia de Buenos Aires- distanciadas tan sólo unos 50 kilómetros y que, por la cantidad de habitantes y el volumen de actividades que ellas concentran, merecen disponer de una comunicación fluida y exenta de trastornos.
Ello, sin dejar de señalar que todo habitante del país merece contar con prestaciones de transporte de similar eficacia, que además cuentan con cláusulas constitucionales que garantizan a la población el derecho a transitar libremente.
Las quejas de los usuarios relacionadas a las largas filas y a las esperas eternas que deben soportar en la parada porteña ubicada en Tucumán y Avenida Leandro N. Alem dejan en claro, en cambio, que están castigando sus derechos.
Testimonios de usuarios habituales coinciden en que el panorama es caótico en las horas pico y apuntan a una presunta reducción en las frecuencias del servicio, lo que generaría esos colapsos en las paradas.
La jornada laboral para ellos se extiende en forma indefinida. “Viajo de martes a viernes y la vuelta siempre es caótica; han reducido las frecuencias y la espera es cada vez peor. Llamé a la empresa, pero te toman el reclamo y no pasa nada”, dijo una pasajera.
Si bien los frecuentes ataques a piedrazos que reciben los ómnibus en la Autopista La Plata-Buenos Aires no atañen a ninguna responsabilidad funcional de las empresas de micros, forman también parte también de los insólitos trastornos del viaje entre los capitales. Y si a ello se suman las habituales deficiencias que exhibe el tren Roca entre Constitución y nuestra ciudad, el panorama resulta desalentador.
Es de esperar, entonces, que quienes viajan en medios de transporte entre las dos capitales dispongan de servicios seguros y confiables, acordes a los adelantos tecnológicos y al cumplimiento de las prestaciones en tiempo y forma.
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