Una vez más los hinchas de un club de fútbol –en este caso los de Estudiantes- deberán viajar más de 1.100 kilómetros para poder ver el partido entre los albirrojos y Rosario Central, que se disputará el 26 de septiembre en al estadio Madre de Ciudades ubicado en Santiago del Estero.
Si se viaja en automóvil, el combustible necesario para cubrir esa distancia supone un costo en nafta súper estimado en $260.000 sólo para el trayecto de ida, que supone además una duración de unas 13 horas. Esto significa que el gasto a cubrir para el viaje terrestre es de $500.000, al que deben sumarse unos 100 mil pesos de peaje por el ida y vuelta.
El costo promedio por persona de una noche de hotel en Santiago del Estero oscila entre los $113.000 y $196.000. A su vez, un viaje de ida y vuelta vía aérea desde el porteño Aeroparque Jorge Newbery hasta Santiago del Estero ronda ente $130.000 y $230.000 por persona, según la temporada y la disponibilidad de plataformas. En cuanto al pasaje de ida y vuelta en micro cuesta aproximadamente entre $160.000 y $246.000 pesos argentinos, dependiendo de la empresa y la anticipación de compra.
Por cierto que a estas erogaciones hay que sumar las correspondientes a comidas y a imponderables, sin dejar de considerar los riesgos que supone todo viaje y las obligaciones que dejan de cumplirse. Y lo lamentable es que todos estos problemas podrían ser evitados, si se dispusiera de una dosis de sentido común por parte de los organizadores del fútbol profesional argentino.
Estas consideraciones nada tienen que ver con el escándalo judicial que envuelve a la cúpula dirigente de la AFA. Pero sí corresponde llamar la atención para que prive la sensatez, evitándose estos éxodos artificiales y costosos de miles de personas, que han ocurrido también en jornadas en las que rigen las temperaturas más tórridas de los veranos, con 35 o más grados de calor, en situaciones que también afectaron a los jugadores.
En esas instancias, la AFA no sólo hizo caso omiso de las numerosas advertencias médicas, sino que varios partidos se debieron disputar mientras reinaba un estado de alerta naranja dispuesto por las autoridades. Miles de espectadores, jugadores, árbitros, policías y otros intervinientes no tuvieron más remedio que aceptar ese flagelo.
Se vive ahora lo que ha dado en llamarse una verdadera “ensalada de campeonatos”, en donde se vuelve complejo discernir qué es lo que se está jugando en cada fecha. Pero también siguen los inexplicables destinos elegidos para disputar partidos, que en ocasiones obligan a dos clubes del AMBA a dirigirse hacia escenarios ubicados en provincias muy alejadas. Es de esperar que el sentido común golpee en las puertas e ingrese en el organismo rector del fútbol argentino.
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