A 48 horas del inicio del juicio por jurados por el crimen de Jorge Vicente Pereyra, el zapatero de La Loma asesinado en 2018, una de sus hijas se acercó a la redacción de EL DIA y habló del dolor que atraviesa la familia después de ocho años. Romina Pereyra será una de las testigos del debate que comenzará el próximo 10 de agosto y que tendrá en el banquillo de los acusados a Sofía Magdalena Pantoja, exesposa de la víctima y única imputada por el crimen.
“Gracias por darme este espacio para conmemorar a mi papá y contar un poco también mi historia personal para encontrar justicia y luz a todo esto que venimos pasando hace muchísimos años”, expresó Romina durante la nota.
El juicio estará a cargo del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N° 1 de La Plata y será mediante un jurado popular. Pantoja llega al debate acusada por el delito de homicidio triplemente calificado por el vínculo, por haber sido perpetrado con alevosía y por codicia, una figura que prevé prisión perpetua en caso de una condena.
El caso se remonta al 3 de mayo de 2018, cuando Pereyra fue encontrado muerto en su vivienda de 48 entre 19 y 20. Tenía 56 años y había sido atacado a puñaladas. Desde entonces, la investigación atravesó distintas etapas hasta llegar a este debate, que comenzará ocho años después de aquel crimen que conmocionó a la ciudad.
Antes de entrar en los detalles del proceso judicial, Romina eligió hablar de su padre. De la persona que era antes de convertirse en una víctima y cuyo recuerdo, según contó, es el que le permite afrontar lo que viene.
“Mi papá era una persona muy alegre. Una persona que quería mucha gente”, recordó. Y agregó: “Mi papá era una persona que tenía ganas de seguir viviendo y la verdad que este final no es un final que se lo deseo a nadie ni nada de lo que hayamos pasado nosotros como familia”.
Pereyra era zapatero y tenía un comercio que lo había convertido en un vecino conocido dentro de su barrio. Según contó su hija, era una persona muy vinculada con su trabajo, sus amistades y quienes lo rodeaban cotidianamente.
“Era una persona muy pasional con su gente querida, con sus amistades y con su oficio y con sus ganas de ser buen vecino”, sostuvo Romina. También lo recordó como padre y abuelo. “Era un abuelo extraordinario”, dijo sobre sus nietos. Y destacó que había sido un padre presente y amoroso.
El crimen no solo significó la pérdida de Pereyra. Para sus hijos, según contó Romina, implicó una ruptura profunda de la estructura familiar que tenían hasta ese momento. “Fue destructivo para todos nosotros”, resumió.
Ahora, todo ese recorrido desemboca en el debate que comenzará el lunes. Para Romina, no se trata simplemente de una instancia judicial más, sino de un momento largamente esperado. “Es un momento muy importante para nosotros, del cual venimos esperando, y también va a ser decisivo para lo que continúe de esto”, concluyó.
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