El próximo 28 de septiembre se cumplirán 36 años de la desaparición y asesinato de Andrés Núñez, el trabajador de Villa Elvira que fue detenido ilegalmente por policías bonaerenses y terminó muerto tras ser torturado en la Brigada de Investigaciones de La Plata. Su cuerpo fue ocultado y recién pudo ser encontrado cinco años después. La causa dejó condenas, investigaciones por encubrimiento y al menos un responsable que todavía permanece prófugo.
El paso del tiempo no logró borrar uno de los episodios más graves de violencia institucional ocurridos en la Ciudad durante la democracia.
La desaparición de Nuñez, de 32 años, se convirtió en un caso emblemático de los abusos cometidos por integrantes de la Policía bonaerense después del regreso de la democracia.
Núñez vivía en Villa Elvira, era albañil y también se dedicaba a reparar electrodomésticos.
En la madrugada del 28 de septiembre de 1990, cuatro policías vestidos de civil llegaron hasta su vivienda y se lo llevaron. La explicación oficial estaba vinculada a una supuesta investigación por el robo de una bicicleta, aunque con el correr de la investigación nunca pudo acreditarse la existencia de una denuncia ni una orden judicial que justificara su detención.
Andrés fue trasladado a la entonces Brigada de Investigaciones, donde, según pudo establecer posteriormente la Justicia, fue sometido a un brutal interrogatorio y torturado. Golpes, descargas eléctricas y asfixia formaron parte del mecanismo utilizado contra él.
Después de su muerte comenzó otra etapa todavía más oscura: el ocultamiento.
El cuerpo fue retirado de la dependencia policial y trasladado hasta un establecimiento rural de General Belgrano, donde fue quemado y enterrado.
Durante años, su familia quedó sin respuestas mientras la investigación avanzaba entre irregularidades, silencios y maniobras destinadas a evitar que se conociera qué había ocurrido dentro de la Brigada.
Cinco años de incertidumbre
La causa permaneció prácticamente estancada durante años. La actuación del entonces juez Amílcar Vara fue posteriormente cuestionada y terminó siendo apartado de la investigación por graves irregularidades.
El expediente comenzó a cambiar en agosto de 1995, cuando un integrante de la propia fuerza decidió aportar información que hasta entonces permanecía dentro de la fuerza.
El testimonio del sargento primero José Daniel Ramos permitió orientar la investigación hacia un campo de General Belgrano. Allí, en el establecimiento conocido como El Roble, fueron encontrados restos que posteriormente fueron identificados como pertenecientes a Núñez por el Equipo Argentino de Antropología Forense.
El hallazgo permitió reconstruir parte de la historia y confirmar aquello que durante años se había intentado ocultar: Andrés había sido detenido por policías, torturado y asesinado, y posteriormente su cuerpo había sido trasladado para hacerlo desaparecer.
La investigación judicial terminó con algunas condenas. En 2010, los policías Víctor Dos Santos y Alfredo González fueron condenados a prisión perpetua por el homicidio cometido luego de las torturas. En 2017, la misma pena recibió el excomisario Luis Raúl Ponce, a quien detuvieron en la ciudad neuquina de Junín de los Andes tras permanecer 22 años prófugo y con cambio de identidad.
Pero la historia judicial del caso todavía no está completamente cerrada.
Uno de los principales acusados, el exoficial Pablo Gerez, continúa prófugo después de más de tres décadas. Su situación se convirtió en uno de los símbolos de las cuentas pendientes que todavía persisten alrededor del expediente.
En 2013, además, la Suprema Corte bonaerense declaró que los hechos investigados constituyen graves violaciones a los derechos humanos y estableció la imprescriptibilidad de la causa.
A 36 años de aquella madrugada, el nombre de Andrés Núñez continúa asociado a una pregunta que excede su propio caso: qué ocurrió con las instituciones democráticas cuando quienes debían garantizar la seguridad fueron, ellos mismos, quienes utilizaron la violencia, el encubrimiento y el poder del Estado para hacer desaparecer a una persona.
El aniversario vuelve a poner el expediente en el centro de la memoria platense. Porque Núñez no fue solamente un hombre que desapareció: fue una víctima de la violencia institucional en democracia, y su historia permanece como una herida abierta en la historia policial y judicial de La Plata.
En medio de tanto dolor, Mirna Gómez, pareja de Andrés Núñez y luchadora incansable en el pedido de justicia, se convirtió en un símbolo de lucha.
SUSCRIBITE a esta promo especial