Las estafas virtuales continúan sumando víctimas en La Plata y la Región. En esta oportunidad, un jubilado de 73 años denunció haber sido engañado por delincuentes que se hicieron pasar por operadores vinculados a un conocido “plástico” y terminaron vaciando sus cuentas bancarias tras mantenerlo durante horas frente al teléfono. El perjuicio, según contó, superó los 5 millones de pesos y 1.200 dólares.
La víctima relató que todo comenzó el sábado cuando intentó realizar gestiones relacionadas con su tarjeta de crédito de una entidad financiera oficial. Al no lograr comunicarse con los números habituales de atención, decidió buscar en internet un contacto alternativo para resolver el inconveniente.
Según consta en su presentación, logró establecer comunicación con un número telefónico que supuestamente pertenecía a la empresa. Durante la conversación, los interlocutores le solicitaron pasar a una videollamada y compartir la pantalla de su teléfono celular para poder asistirlo con el trámite.
Aunque en un primer momento algunas preguntas despertaron sospechas y decidió cortar la comunicación, poco después volvió a contactar otro número que aparentemente también pertenecía a la firma. Allí comenzó una nueva videollamada, que terminaría convirtiéndose en una compleja maniobra de fraude.
Los delincuentes le aseguraron que debía “proteger” sus cuentas bancarias y lo convencieron de seguir una serie de pasos que, según le explicaron, eran necesarios para evitar movimientos sospechosos y resguardar sus fondos.
En ese contexto, le hicieron descargar y crear cuentas en distintas aplicaciones financieras digitales, además de realizar verificaciones biométricas mediante reconocimiento facial.
A partir de allí, la víctima comenzó a seguir instrucciones precisas impartidas por quienes se presentaban como supuestos asesores. Sin advertir que estaba siendo engañado, fue autorizando operaciones que terminaron permitiendo a los estafadores tomar control de sus fondos.
De acuerdo con la denuncia, los delincuentes lograron que transfiriera la totalidad del dinero que tenía disponible en sus cuentas.
Entre los movimientos detectados aparecen dos transferencias a una App por casi un millón de pesos, más ocho transferencias a otra plataforma por $500.000 cada una, cuatro de casi 100.000 y una de más de $300.000.
La investigación detectó que el dinero fue dirigido hacia una mujer identificada como Y. P. y a un hombre cuyas iniciales son R. R. A.
La víctima, por si fuera poco, también denunció la desaparición de una colocación en dólares, por 1.200 unidades estadounidenses.
Uno de los aspectos que más llamó la atención de los investigadores es la duración de la maniobra. Según declaró el damnificado, la comunicación con los estafadores se extendió durante aproximadamente tres horas.
Durante ese tiempo, los delincuentes mantuvieron una conversación constante, brindando instrucciones permanentes y generando una situación de confusión que terminó anulando las sospechas iniciales de la víctima.
Los especialistas en ciberdelitos advierten que este tipo de estrategias son cada vez más frecuentes. Los estafadores suelen generar una sensación de urgencia o peligro inminente para que la víctima actúe rápidamente y sin consultar con terceros.
Las llamadas falsas de bancos, tarjetas de crédito y organismos oficiales se han convertido en una de las modalidades de fraude más utilizadas durante los últimos años.
Los delincuentes suelen aprovechar la confianza que generan marcas reconocidas para convencer a las víctimas de compartir datos sensibles, códigos de seguridad o incluso permitir el acceso remoto a dispositivos móviles y computadoras.
En muchos casos, las víctimas encuentran números falsos a través de buscadores de internet o redes sociales, creyendo que se trata de canales oficiales de atención.
Una vez que obtienen acceso a las cuentas, los estafadores realizan transferencias inmediatas hacia cuentas receptoras, billeteras virtuales o cuentas creadas específicamente para dificultar el rastreo del dinero.
Desde entidades bancarias y organismos especializados recuerdan que ninguna institución financiera solicita por teléfono compartir pantalla del celular o computadora; informar claves, tokens o códigos de seguridad; realizar transferencias para “proteger” fondos; abrir cuentas en billeteras virtuales por indicación telefónica y muchos menos entregar datos bancarios mediante videollamadas.
También recomiendan verificar siempre los números de contacto en los sitios oficiales de los bancos y cortar inmediatamente cualquier comunicación que solicite operaciones sobre las cuentas.
Mientras avanza la investigación judicial para intentar identificar a los responsables, el caso vuelve a poner en evidencia la vulnerabilidad de los ahorristas y del sistema en su conjunto.
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