A fin de 2025, Marcelo Tagliaferro recibió una dura noticia. Luego de varias audiencias de debate donde fue juzgado por el delito de falso testimonio agravado, en el marco de la causa por la llamada “Masacre de La Loma”, en la que tuvo un rol clave como testigo de cargo, el Tribunal Oral en lo Criminal IV de La Plata lo encontró culpable y lo condenó a siete años de prisión. Y no solo eso. En el mismo recinto ordenó que le pusieran las esposas y se lo llevaran preso a una unidad penitenciaria. Así pasó 10 meses de encierro carcelario hasta que Casación, al analizar una impugnación de ese fallo, dispuso su inmediata libertad. A entender de la instancia revisora, no había ninguna prueba que lo incriminara, sino una interpretación forzada para colocarlo como autor responsable de una conducta que buscaba perjudicar a un imputado de un proceso criminal.
Ayer Tagliaferro rompió el silencio en una nota con EL DIA. Habló de un infierno y de una salud deteriorada.
“Desde el juicio oral y la condena viví un infierno que impactó en mi salud. Estuve en la Unidad 28 de Magdalena, donde el Servicio Penitenciario se portó muy mal conmigo. En todo este trayecto, la Diabetes tipo 2 hizo lo suyo. Además tengo otras patologías, que nunca fueron atendidas desde Sanidad pese a mis reclamos”, expresó con evidente enojo.
“De limpio no saco nada, de bueno tampoco. Pero de malo, con esta experiencia, tengo para escribir un libro”, agregó.
Padre de seis hijos, cuatro de ellos del corazón y que llevan su apellido, habló del apoyo incondicional de su familia. En ese lugar de ponderación, su mujer jugó un rol fundamental: “Ella nunca me soltó la mano”, indicó en señal de agradecimiento.
Tagliaferro se mostró molesto con el apodo “remisero”, ya que solo trabajó de chofer tres meses. “Soy martillero hace 25 años. Mi mamá tiene inmobiliaria y siempre estuve en ese rubro junto a mi hermano. Igual ahora no estoy haciendo nada. Sé que voy a volver, pero todavía me estoy recuperando”.
“Solo quería volver a mi casa, abrazarme con mi familia y estar tranquilo. No salí casi a la calle, por miedo y cierta vergüenza. No sabía cómo la gente iba a reaccionar al verme. No hice nada, siempre fue consciente de mi inocencia, pero todo esto me afectó mucho”, señaló.
“DE ESA PERSONA NO HABLO”
Cuando EL DIA le preguntó qué pensaba del denunciante -Osvaldo Martínez- y qué le diría ahora, que Casación lo exculpó, fue tajante: “De esa persona no hablo”.
Igual no descartó el inicio de acciones legales, una vez que quede firme su absolución, por los daños y perjuicios sufridos. “Eso lo tendré que hablar con mis abogados”, sentenció.
Volviendo al cuádruple crimen de La Loma, aquel 27 de noviembre de 2011, Tagliaferro reconoció: “Estuve en el lugar equivocado a la hora equivocada”.
Recordemos que Tagliaferro había llevado a Marisol Pereyra, una de las víctimas, hasta la casa de 28 entre 41 y 42 en la que ocurrió el crimen. El hombre dijo haber visto salir del lugar a una persona con el torso desnudo y, más adelante, identificó a Martínez como ese hombre.
En ese punto, para Casación esa identificación pudo haberse visto influida por la exposición posterior a una foto de Martínez en los medios. Según el razonamiento del tribunal, era posible que Tagliaferro hubiera reconstruido de manera equivocada un recuerdo a partir de esa imagen, sin que eso demostrara necesariamente que hubiera mentido a propósito.
“En mi época de encierro, estuve en el pabellón de los evangelistas y eso me ayudó mucho. Justo uno de mis compañeros me dijo “Dios da las cosas que tiene que dar en el momento justo y a la hora justa. Y al otro día me enteré de que me habían absuelto. Fue algo muy fuerte”, recordó.
Por último, volvió a agradecer a cada uno de los integrantes de su familia y a su equipo de abogados, encabezado por Paola Gisela Arévalo y Adolfo José Barcelone. “Todos, desde su lugar, fueron muy importantes para mi”, cerró.
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