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Noche violenta en la Ciudad: incidentes en los festejos por la Selección

Como parece ser una triste costumbre cada vez que hay una movilización multitudinaria, apenas se apagó la algarabía en la zona de 7 y 50, se encendió la violencia. Piedrazos, botellazos y varios demorados

Vándalos transformaron un festejo en una noche de violencia / Web

Por Redacción

La imagen se repite una y otra vez en la Ciudad. Miles de personas salen a las calles para celebrar, compartir una alegría colectiva o, como ocurrió este domingo, agradecer a una Selección Argentina que, pese a caer en la final del Mundial de Fútbol 2026, volvió a emocionar a todo un país. Sin embargo, cuando los cánticos comienzan a apagarse y las familias emprenden el regreso a sus casas, un reducido grupo de violentos aparece para apropiarse de la escena.

Así ocurrió en el centro de La Plata. Hasta entrada la noche, la movilización había transcurrió con normalidad. Según fuentes policiales y municipales, el operativo de seguridad fue considerado, en líneas generales, exitoso. La mayor parte de quienes se acercaron a la tradicional esquina de 7 y 50 lo hicieron para expresar su reconocimiento al equipo de Lionel Scaloni en un clima festivo.

Pero cerca de las 23, cuando la algarabía había cesado, el escenario cambió por completo.

Es que de la nada comenzaron las corridas, los piedrazos y botellazos contra las filas policiales, mientras los comercios lucían un cierre total de persianas, porque ya se conoce lo que siempre pasa. Y otra vez volvió a pasar. Así el terror se apoderó de uno de los puntos neurálgicos de la Ciudad.

Una vez más surgió el mismo interrogante: ¿Qué impulsa a estas hordas a transformar un festejo popular en un escenario salvaje?

No hay respuestas sencillas, pero sí un patrón que se repite. Conductas primitivas, anómicas, donde desaparecen las reglas básicas de convivencia y el anonimato de la multitud parece convertirse en una licencia para destruir, agredir o enfrentarse con la autoridad. No se trata de pasión futbolera ni de desahogo deportivo. Es violencia por la violencia misma, protagonizada por grupos que encuentran en las concentraciones masivas el contexto ideal para actuar.

En ese contexto, llegaron algunas detenciones y podrán llegar más cuando se termine de chequear el material audiovisual que ya está en poder de las autoridades.

El episodio más grave ocurrió en 11 y 48, donde un hombre de 30 años fue detenido luego de ingresar armado con un cuchillo a un kiosco. Según denunció el empleado del comercio, el agresor lo amenazó porque se negó a venderle bebidas alcohólicas. Ambos terminaron con cortes en las manos tras un forcejeo. Minutos después, el sospechoso fue localizado en Diagonal 74 y 48 con heridas compatibles con la pelea y en aparente estado de ebriedad. La causa quedó en manos de la UFI N° 7.

En otro procedimiento, en 6 y 54, una mujer fue aprehendida por resistencia a la autoridad luego de intentar ingresar en motocicleta al perímetro de los festejos y, de acuerdo con la versión oficial, agredir a una agente municipal que impedía el paso. Posteriormente recuperó la libertad por disposición judicial.

Finalmente, en 10 entre 48 y 49, un hombre de 38 años fue demorado por infringir la Ley 8031. Presuntamente alcoholizado y ocasionando disturbios, arrojó una botella contra efectivos policiales cuando intentaban identificarlo. También fue trasladado a una dependencia y luego recuperó la libertad.

Los incidentes fueron aislados en relación con la magnitud de la convocatoria, pero suficientes para volver a instalar un debate que parece no encontrar solución. Cada celebración multitudinaria termina condicionada por la presencia de quienes no buscan festejar, sino provocar enfrentamientos, dañar bienes públicos o privados y sembrar miedo entre quienes simplemente quieren vivir una jornada de alegría.

Porque el problema no es el fútbol ni los festejos. El problema aparece cuando una minoría violenta convierte una fiesta popular en una escena de caos.

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