El robo de motocicletas se mantiene como uno de los delitos que más se repiten en las calles de La Plata. Con episodios que se suceden prácticamente a diario y bajo distintas modalidades, el fenómeno volvió a quedar expuesto con dos hechos ocurridos en las últimas horas en Los Hornos.
El primer caso ocurrió en las calles 135 y 76, cuando un joven que se trasladaba junto a su novia fue interceptado por delincuentes armados.
Según el relato difundido por allegados a la víctima, los asaltantes los amenazaron con un arma de fuego y se llevaron la motocicleta.
La situación tuvo además un componente particularmente intimidante. La joven que acompañaba al propietario del rodado es integrante del Servicio Penitenciario bonaerense y, de acuerdo con el testimonio difundido, los ladrones la amenazaron con dispararle al advertir que llevaba puesta la indumentaria de trabajo.
Para el propietario, la pérdida no representa solamente el valor económico del vehículo: la moto era utilizada como herramienta de trabajo, una situación que se repite entre muchas de las víctimas de este tipo de robos.
CLAVES DEL FENÓMENO
El robo de motos no constituye un problema exclusivo de Los Hornos. Los eventos aparecen en diferentes barrios de La Plata, tanto en zonas céntricas como en sectores periféricos. Y si bien existen permanentes operativos policiales que buscan desalentar esta modalidad, parece que no están logrando romper con la matriz delictiva.
Por eso la sucesión de hechos denunciados en Los Hornos, sobre todo desde las redes sociales, genera especial preocupación entre vecinos y trabajadores, que utilizan la motocicleta como medio de transporte o herramienta laboral.
Las modalidades son diversas. En algunos casos, los delincuentes sorprenden a los motociclistas cuando circulan; en otros, sustraen los vehículos estacionados en la vía pública o ingresan a domicilios y se llevan las motos que encuentran en patios, garajes o espacios de acceso.
El atractivo para las bandas delictivas está vinculado, entre otros factores, con la facilidad para sustraer y trasladar una moto, su rápida ocultación y la posibilidad de utilizarla posteriormente para cometer otros delitos. También existe un circuito de comercialización clandestina de vehículos y repuestos que alimenta este tipo de robos.
A esto se suma la vulnerabilidad de quienes se movilizan en moto. Una vez interceptado el conductor, la amenaza con armas suele ser suficiente para obligarlo a entregar el vehículo, sin necesidad de que los delincuentes permanezcan demasiado tiempo en el lugar.
UN TERRITORIO BAJO LA LUPA
En Los Hornos, el problema adquiere una dimensión particular por la extensión territorial del barrio, la cantidad de personas que utilizan motos para trabajar y trasladarse y la existencia de numerosos corredores de circulación que permiten una rápida salida después de los robos.
El caso de 135 y 76 -más otro que hubo en 67 y 157, donde se llevaron una moto de la puerta de una casa- vuelve a poner el foco sobre esa problemática. Una moto que para su propietario representa una herramienta cotidiana de trabajo puede convertirse, en cuestión de segundos, en el objetivo de un robo violento.
Mientras los casos continúan apareciendo en distintos puntos de la ciudad, la sucesión de episodios vuelve a instalar una pregunta entre los motociclistas: hasta qué punto circular por determinados sectores implica exponerse a perder el vehículo o, directamente, convertirse en víctima de un asalto.
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