Dormían cuando la pesadilla entró por la puerta. En cuestión de segundos, la oscuridad de la madrugada se transformó en una escena de terror: golpes, gritos, amenazas, manos atadas con precintos y un pedido desesperado que se repetía una y otra vez: “¿Dónde está la plata? ¿Dónde está la caja fuerte?”. Lo que vivió una familia de Ensenada durante un violento asalto volvió a poner sobre la mesa una postal que se repite con alarmante frecuencia en la Región: delincuentes cada vez más agresivos, organizados y sin ningún límite.
El dramático episodio ocurrió en una vivienda ubicada sobre la avenida Avenida Almirante Brown y Pasaje Pasaje Bernardo Irigoyen, donde -según supo EL DIA- un hombre de 33 años descansaba junto a sus padres, de 73 y 79 años, cuando un grupo comando irrumpió en plena madrugada.
De acuerdo a la denuncia radicada en la Comisaría Primera de Ensenada, todo ocurrió cerca de las cinco de la mañana. La víctima contó que estaba durmiendo cuando, de repente, la luz de su habitación se encendió. No tuvo tiempo de reaccionar: varios hombres se le tiraron encima y comenzaron a golpearlo a piñas.
Según relató, eran al menos seis asaltantes. Todos actuaban encapuchados, con los rostros cubiertos, y aunque no exhibieron armas de fuego, uno de ellos portaba una barra metálica extensible. Lo redujeron rápidamente, lo tiraron al piso boca abajo, le sujetaron manos y pies con precintos y le colocaron un antifaz para impedirle ver qué ocurría a su alrededor.
Separado de sus padres y completamente inmovilizado, el joven escuchaba cómo los delincuentes entraban y salían de distintas habitaciones, revolviendo todo a su paso. El objetivo era claro: buscaban dinero y una supuesta caja fuerte a la hacían referencia.
“¿Dónde está la plata?”
Pero lo que vino después exhibe otro costado de la nueva modalidad delictiva que se impone en la región: el robo digital.
En un momento, los ladrones obligaron a la víctima a desbloquear su celular, y accedieron a sus cuentas bancarias. En base a lo denunciado. primero le exigieron el código. Luego lo sentaron sobre la cama, le retiraron el antifaz y lo forzaron a realizar el reconocimiento facial para habilitar el ingreso a su billetera virtual.
Con el control total del dispositivo, concretaron una transferencia por al menos3 millones de pesos a una cuenta cuyo titular todavía no trascendió, pero que será clave en la investigación. No conformes, intentaron mover más millones, esta vez desde otra cuenta bancaria, pero una medida de seguridad bloqueó la operación.
Ese detalle, creen los investigadores, fue lo que precipitó la huida.
En pocos minutos desaparecieron. Dejaron atrás una casa devastada, una familia en shock y nuevas preguntas sobre una inseguridad que parece no dar tregua.
Porque el dato más inquietante no es sólo la violencia desplegada. Es el grado de planificación. Para los investigadores, no se trató de un robo improvisado. Todo indica que la banda manejaba información previa.
El caso genera especial preocupación porque refleja una tendencia cada vez más visible: ya no alcanza con robar objetos de valor. Ahora los delincuentes buscan vaciar cuentas, transferir fondos en segundos y desaparecer antes de que la víctima pueda reaccionar.
En La Plata, Berisso y Ensenada los episodios de esta naturaleza dejaron de ser excepcionales. Entraderas violentas, jubilados atacados, familias sorprendidas mientras duermen, comerciantes golpeados y víctimas que terminan no sólo despojadas de sus bienes, sino también atravesadas por secuelas emocionales profundas. Por estas horas se investiga el caso.
SUSCRIBITE a esta promo especial