Ayer al mediodía, la garita ubicada junto a la estación de trenes de City Bell se transformó en el punto de encuentro de un reclamo que viene creciendo al ritmo de los robos, las violentas entraderas y el miedo de quienes sienten que ya no pueden vivir con tranquilidad. Familias jóvenes, jubilados y comerciantes del barrio Savoia se reunieron para exigir más seguridad y denunciar una situación que, aseguran, se volvió insostenible.
La convocatoria había sido impulsada por los propios vecinos bajo una consigna sencilla pero contundente: pedir respuestas frente a una problemática que, según sostienen, cambió por completo la vida cotidiana del barrio.
La movilización no ocurrió en un contexto aislado. En las últimas semanas, EL DIA reflejó distintos episodios que encendieron las alarmas en la zona norte platense. Desde los robos denunciados en inmediaciones del Club Banco Provincia hasta los reiterados ataques reportados por vecinos cerca del country de Estudiantes, en el sector de 27 y 463, los testimonios recogidos por este diario muestran una preocupación creciente en varios puntos de City Bell.
Ahora fue el turno de Savoia, donde los vecinos decidieron pasar de las quejas en grupos de WhatsApp y redes sociales a una manifestación pública.
Una situación “inmanejable”
“Acá estamos todos los vecinos reclamando, todos pidiendo por algo”, expresó una de las mujeres presentes. A su alrededor, decenas de frentistas coincidían en un diagnóstico similar: aseguran que el barrio cambió y que la sensación de vulnerabilidad se instaló en la rutina diaria.
“El último tiempo esto se volvió inmanejable. Hay mucha circulación de gente que no conocemos, pasan cosas todo el tiempo. Si no rompen autos, están mirando casas. Tocan timbre, observan movimientos y después aparecen los robos”, sostuvo otra vecina.
Uno de los puntos que más se repitió durante la concentración fue el reclamo por la falta de iluminación en la vía pública. Según indicaron, quienes bajan del tren o esperan el colectivo durante la noche deben atravesar sectores prácticamente a oscuras.
“Antes caminábamos tranquilos por el barrio. Hoy salimos mirando para todos lados. Hay vecinos que ya no quieren caminar solos y prefieren hacerlo acompañados”, contó una jubilada.
La indignación también estuvo vinculada con la respuesta ante emergencias. Varios asistentes recordaron la violenta entradera ocurrida el pasado 2 de septiembre en una vivienda de 474 y 11, donde cinco delincuentes irrumpieron mientras una mujer se encontraba junto a su hijo de 12 años.
Tal como informó este diario, los asaltantes exigieron dinero, redujeron a la víctima y llegaron a intentar ingresar a la habitación donde estaba el menor. El hecho terminó cuando arribó la pareja de la mujer y los ladrones escaparon. “Nos cansamos de llamar al 911 y nadie apareció”, aseguró una vecina durante el encuentro. Esa frase fue acompañada por gestos de aprobación y relatos similares de otros habitantes de la zona.
Movimientos sobre los techos
A la preocupación por los robos se suma otro fenómeno que inquieta cada vez más a los vecinos: los movimientos sobre techos y patios durante la madrugada. De hecho, días atrás cámaras de seguridad registraron a dos personas trepando medianeras y recorriendo jardines en una vivienda de 478 entre 8 y 9.
“No pasó una vez. Escuchamos varias veces personas caminando por los techos. Uno prende las luces, mira por la ventana y no sabe qué hacer”, relató un frentista. Los vecinos aseguran que reforzaron las medidas de prevención con alarmas, cámaras y grupos de alerta, aunque advierten que esas herramientas ya no alcanzan.
“Más rejas no podemos poner. Más alarmas tampoco. Vivimos pendientes del teléfono y de las cámaras”, resumió otra mujer.
La preocupación también alcanzó un tono más profundo durante la reunión. Algunos vecinos asociaron el crecimiento de los hechos delictivos al avance del consumo de drogas y a una violencia que, según describieron, es cada vez mayor en el barrio.
“Antes se robaban una bicicleta o alguna herramienta. Ahora la situación es mucho más agresiva”, señalaron alarmados.
Con carteles, conversaciones improvisadas y testimonios cargados de bronca y angustia, la jornada concluyó con un mensaje que se repitió una y otra vez entre los presentes: que Savoia no quiere convertirse en otro punto rojo del mapa de la inseguridad en City Bell. Un reclamo que se suma a los que ya vienen realizando vecinos de otros sectores de la localidad y que vuelve a poner en escena una preocupación que atraviesa a gran parte de la zona norte platense.
Además, adelantaron que mientras no haya respuestas concretas ni mejoras en materia de seguridad, continuarán reuniéndose en el mismo punto de encuentro para sostener el reclamo.
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