Los hechos ocurrieron entre 2010 y 2013 y, durante años, fueron investigados por separado. Un cotejo realizado por el Banco de Datos Genéticos bonaerense permitió establecer que el mismo perfil aparecía en las cuatro causas.
Cuatro ataques sexuales, cuatro víctimas y cuatro investigaciones que durante años avanzaron por separado. Todos los hechos ocurrieron en Quilmes entre 2010 y 2013, hasta que una prueba genética permitió encontrar el vínculo que faltaba y establecer que detrás de los casos estaba el mismo agresor.
La historia fue reconstruida por el Ministerio Público de la provincia de Buenos Aires en el segundo episodio de la serie audiovisual “Anatomía de una investigación”, que muestra cómo se desarrolló el proceso que terminó con una condena a 30 años de prisión.
Las fiscales María de los Ángeles Attarian Mena, de la UFIJ N° 17 de Quilmes, y Bárbara Velasco, de la UFIJ N° 8, explicaron cómo las distintas investigaciones comenzaron a mostrar características similares en la modalidad utilizada por el agresor.
Sin embargo, todavía faltaba determinar quién era el responsable. En cada expediente se habían incorporado testimonios, informes médicos, pericias y muestras biológicas. Esa evidencia, preservada durante años, terminó siendo determinante cuando las herramientas científicas permitieron avanzar sobre las causas.
El dato que cambió la investigación
El punto de inflexión llegó con la intervención del Banco de Datos Genéticos de la Suprema Corte de Justicia bonaerense. A través del software GENis se realizó el entrecruzamiento de los perfiles genéticos obtenidos en las distintas investigaciones.
El resultado fue contundente: un mismo perfil genético aparecía en los cuatro hechos.
De esta manera, causas que hasta entonces habían sido investigadas de forma independiente pudieron ser vinculadas. La coincidencia fue luego confirmada mediante nuevas pericias y se convirtió en una de las principales pruebas de la acusación.
Durante el juicio también declararon especialistas del Banco de Datos Genéticos, quienes explicaron cómo se había realizado y confirmado el cotejo. La prueba científica se sumó a las declaraciones de las víctimas, informes médicos y psicológicos y otros elementos incorporados durante la investigación.
Finalmente, la Fiscalía sostuvo que el acusado era responsable de los cuatro ataques. Tras analizar el conjunto de las pruebas, el Tribunal lo declaró culpable y le impuso una pena de 30 años de prisión.
Según explicó el Ministerio Público bonaerense, el caso marcó un precedente: fue la primera sentencia de la Justicia provincial que logró individualizar al responsable de una serie de ataques sexuales mediante el entrecruzamiento de perfiles genéticos realizado por el Banco de Datos Genéticos.
Una investigación que continuó durante años
El caso también puso de relieve la importancia de preservar las evidencias obtenidas durante las primeras etapas de una investigación. Las muestras biológicas recolectadas años atrás permitieron realizar nuevos análisis cuando la tecnología y las herramientas disponibles hicieron posible encontrar coincidencias que antes no habían sido detectadas.
Para las fiscales que participaron del proceso, el trabajo también mostró la importancia de la articulación entre investigadores, peritos y especialistas para reconstruir hechos ocurridos muchos años atrás.
“Es altamente satisfactorio como fiscal poder dar respuesta a víctimas de hechos tan desgraciados y que, luego de tantos años, gracias al aporte del avance de la ciencia se puedan esclarecer estos delitos”, destacó María de los Ángeles Attarian Mena.
Por su parte, Bárbara Velasco remarcó el valor de mostrar cómo se desarrolla una investigación penal y cómo distintas herramientas pueden confluir para llegar a una condena.
La historia forma parte de “Anatomía de una investigación”, una serie audiovisual del Ministerio Público bonaerense que reconstruye casos emblemáticos de la provincia desde la mirada de los fiscales que participaron de las investigaciones.
En este segundo episodio, el eje está puesto en cómo una evidencia preservada durante años y el avance de la ciencia permitieron conectar cuatro ataques sexuales que, durante mucho tiempo, habían permanecido como investigaciones independientes.
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