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Motochorros, un drama que nunca se detiene en los barrios de La Plata

El domingo, bajo una persistente llovizna, una mujer sufrió el embate de dos delincuentes en la calle 164 entre 64 y 65

De noche, de día, con sol o con lluvia. Los motochorros no frenan / Web

Por Redacción

Los vecinos ya no hablan de casos aislados. Hablan de una rutina. De salir de sus casas mirando para todos lados, de esconder el celular antes de llegar a la esquina y de evitar caminar solos incluso a plena luz del día. En La Plata, el accionar de los motochorros se consolidó como uno de los principales problemas de seguridad y los hechos se repiten en prácticamente todos los barrios.

El último episodio tuvo como víctima a una joven en Los Hornos. Según denunció su hermana, el robo ocurrió el domingo alrededor de las 13, en la puerta de su vivienda, ubicada en 164 entre 64 y 65.

Dos delincuentes que se movilizaban en moto la sorprendieron y le arrebataron la cartera, donde llevaba el celular, documentación y otras pertenencias personales.

La familia asegura que no se trata de desconocidos.

“Sabemos quiénes fueron. Son del barrio y ya cometieron otros robos en la misma manzana y en los alrededores. Es la segunda vez que nos roban a nosotros”, relató al expresar su indignación por la situación que atraviesan.

El caso refleja una realidad que se repite con demasiada frecuencia. En numerosos barrios de La Plata, los vecinos denuncian que los delincuentes actúan con total impunidad, muchas veces identificados por quienes viven en la zona, pero continúan circulando y cometiendo nuevos hechos.

Un delito que cambió hábitos

El robo bajo la modalidad de motochorros dejó hace tiempo de concentrarse únicamente en el centro platense. Hoy alcanza a Los Hornos, San Carlos, Villa Elvira, Melchor Romero, Abasto, City Bell, Gonnet, Tolosa, Ringuelet, Hernández y prácticamente cualquier punto del partido.

Las víctimas son elegidas al azar. Puede tratarse de una persona que sale de su casa, alguien que espera el colectivo, un estudiante que camina hacia la facultad, un repartidor o una madre que regresa con sus hijos.

Los delincuentes aparecen en cuestión de segundos, generalmente de a dos. Mientras uno conduce, el acompañante desciende o arrebata las pertenencias sin detener completamente la marcha. En muchos casos exhiben armas de fuego o cuchillos para evitar cualquier resistencia.

El objetivo suele ser siempre el mismo: celulares, billeteras, mochilas, carteras y cualquier elemento que pueda venderse rápidamente en el mercado ilegal.

Especialistas en seguridad sostienen que el delito combina varios factores que explican su expansión.

La motocicleta les permite desplazarse rápidamente, escapar por calles angostas, atravesar el tránsito con facilidad y cambiar de barrio en pocos minutos. Además, muchas de las motos utilizadas para cometer robos son robadas o circulan con patentes adulteradas o directamente sin dominio visible, dificultando su identificación.

A eso se suma la rapidez del ataque. En menos de treinta segundos pueden sorprender a una víctima y desaparecer antes de que llegue un móvil policial.

Otro aspecto señalado por investigadores es el mercado clandestino de teléfonos celulares y autopartes, que alimenta este tipo de delitos. Los aparatos sustraídos suelen ser revendidos, desarmados para comercializar sus componentes o enviados a otras provincias.

Más allá de las estadísticas, el impacto más profundo se observa en la vida cotidiana de los vecinos.

Cada nuevo robo modifica hábitos. Hay quienes dejaron de caminar con el teléfono en la mano, otros prefieren no salir de noche y muchos coordinan con familiares para ingresar o salir de sus viviendas acompañados.

La sensación de inseguridad también aumenta cuando los autores son conocidos en el barrio. En esos casos, la frustración suele ser aún mayor.

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