Una multitudinaria movilización tuvo lugar ayer en La Plata en el marco de una nueva convocatoria del movimiento colectivo feminista “Ni Una Menos”, al cumplirse 11 años de la primera manifestación masiva contra la violencia machista, que de acuerdo al Observatorio Mumalá, entre el 1º de enero y el 30 de mayo de 2026 provocó 105 femicidios que representa una mujer asesinada cada 35 horas.
La convocatoria local reunió a organizaciones sociales, sindicales, estudiantiles y de derechos humanos, que marcharon desde distintos puntos de la Ciudad hasta Plaza Moreno, donde se realizó el acto central con la visibilización de los reclamos.
En un contexto marcado por el crimen de Agostina Vega en Córdoba (ver aparte), entre tantos otros a lo largo y ancho del país, esta manifestación pública volvió a poner en agenda los pedidos por políticas de prevención, asistencia y protección para mujeres y diversidades.
Durante el evento hubo cánticos, aplausos, banderas y rostros que se convirtieron en un disparador de un flagelo que atraviesa la sociedad.
Entre el 1º de enero y el 30 de mayo de 2026, se registraron 105 femicidios. Uno cada 35 horas
Si dudas, las estadísticas brindadas por Mumalá muestran que la violencia de género extrema continúa siendo una problemática estructural.
Del total de casos registrados en los primeros cinco meses del año, 80 corresponden a femicidios directos; mientras que se contabilizaron además 5 femicidios vinculados; 3 travesticidios/transfemicidios; 12 asesinatos en contextos de narcotráfico y crimen organizado y 5 suicidios femicidas. Además hubo un crimen de odio; 5 muertes violentas asociadas al género y quedan 14 casos bajo investigación.
Uno de los datos que más preocupación generó es la cantidad de hechos que no llegaron a consumarse: el relevamiento registró 420 intentos de femicidio, una cifra que evidencia la magnitud de la violencia ejercida contra mujeres y diversidades y la necesidad de fortalecer los mecanismos de protección.
El informe también permite observar características comunes entre los casos. El 60 por ciento de los femicidios fue cometido por parejas, exparejas o familiares, mientras que el 67 por ciento ocurrió dentro de la vivienda de la víctima o en el hogar compartido. Además, en el 32 por ciento de los casos el agresor convivía con la mujer asesinada, lo que refuerza la idea de que el mayor riesgo continúa encontrándose dentro del entorno íntimo.
En cuanto a las modalidades empleadas, las armas de fuego encabezaron las estadísticas con el 32 por ciento de los casos, seguidas por las armas blancas (2%), la asfixia (13) y los golpes (11). El resto corresponde a otros mecanismos o casos donde no fue posible determinar la modalidad.
Las víctimas tenían una edad promedio de 39 años, mientras que los agresores promediaban 41. Entre las mujeres asesinadas hubo 10 niñas y adolescentes menores de 18 años, otras 10 adultas mayores de 60 y al menos una víctima embarazada. Además, el 7 por ciento había estado desaparecida antes de ser encontrada.
Otro aspecto que surge del relevamiento es la insuficiencia de las medidas de protección en numerosos casos. Según Mumalá, el 75 por ciento de las víctimas contaba con alguna medida de restricción, mientras que el 12 por ciento tenía botón antipánico y el 9 por ciento había denunciado previamente a su agresor.
Las consecuencias de estos crímenes también alcanzan a los entornos familiares. El informe señala que el 40 por ciento de las víctimas eran madres y que 73 niños, niñas y adolescentes quedaron sin sus madres como consecuencia de los femicidios registrados en lo que va del año.
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