A primera hora de este jueves, a la altura de la localidad de Wilde, un camión embistió desde atrás a un automóvil en la Autopista La Plata - Buenos Aires y lo montó literalmente sobre el muro de hormigón que divide los carriles de circulación. Ocurrió en la mano hacia Capital Federal, cuando una intensa niebla cubría buena parte de la traza.
El siniestro no dejó solamente la imagen impactante del vehículo incrustado contra el separador vial. También volvió a poner en evidencia un problema que se repite cada vez que un incidente obliga a reducir o interrumpir el tránsito: la capacidad de la Autopista para absorber una contingencia de esta naturaleza parece estar al límite.
A partir de la colisión, el fluido vehicular se transformó en un verdadero infierno. La congestión avanzó como en un juego de encastre y llegó hasta Berazategui, con una cola estimada en unos 15 kilómetros o tal vez un poco más.
Para muchos conductores, en el mejor de los casos, el viaje hacia Buenos Aires terminó convirtiéndose en una odisea de casi tres horas.
La desesperación quedó expuesta también en las redes sociales. Los mensajes de los automovilistas y/o de sus acompañantes reflejaron el malestar por las demoras, pero también una serie de interrogantes que exceden el accidente puntual.
¿La Autopista está preparada para una emergencia de estas características?
Una de las cuestiones que vuelve a instalarse es si los equipos destinados a intervenir ante un siniestro de magnitud cuentan con los recursos necesarios para minimizar rápidamente sus consecuencias sobre la circulación. A la luz de las evidencias, la respuesta sería negativa.
También surge otro interrogante: ¿Hay peritos disponibles para intervenir inmediatamente después de un choque o todo depende de la llegada de una comitiva policial, de acuerdo con la jurisdicción donde ocurre el siniestro?
Cada minuto que una autopista permanece parcialmente bloqueada lanza efectos enormes sobre miles de personas. Y cuando se trata de una arteria que concentra un volumen de tránsito tan elevado, el efecto dominó puede extenderse durante kilómetros.
La cuarta vía, ¿alcanzará?
Después de años de espera comenzaron finalmente, aunque por tramos, los trabajos para la construcción de la denominada cuarta vía. La obra aparece como una posible respuesta a la necesidad de ampliar la capacidad de la Autopista.
Pero la cantidad de vehículos que circulan cada hora plantea otra pregunta: ¿Será suficiente? Para comparar, la Ruta Panamericana en algunos sectores cuenta con seis por sentido.
Es por eso que el episodio de ayer volvió a mostrar que, ante un accidente, la infraestructura disponible puede quedar rápidamente desbordada.
La postal fue elocuente: no solo aparecieron los tradicionales “banquineros”. Asumiendo riesgos, autos y camionetas directamente comenzaron a circular por el pasto, intentando encontrar una salida al congestionamiento.
La escena reflejó algo más que una infracción de tránsito. Mostró el nivel de desesperación de quienes llevaban horas atrapados y buscaban, como fuera, continuar viaje.
Más que una cuestión vial
El problema planteado tampoco termina en la demora.
En este escenario aparecen otros factores que alimentan un malestar social cada vez más visible: el precio de los combustibles, el costo de los peajes, las barreras que no funcionan correctamente y las extensas filas que se forman frente a las cabinas de cobro.
Todo ocurre sobre una infraestructura que, ante determinadas circunstancias, parece no tener margen suficiente para absorber los problemas.
Por eso, cada accidente termina poniendo sobre la mesa una discusión mucho más amplia. No solamente está en juego la vida de quienes circulan por la autopista. También está en juego su salud, su tiempo y su calidad de vida.
Porque viajar hacia Buenos Aires y saber que un incidente puede transformar un trayecto habitual en una espera de tres horas, ya no parece una excepción.
La pregunta que queda después de cada caos es inevitable: ¿Cuánto más puede soportar una autopista que diariamente concentra miles de vehículos y que, ante una contingencia, queda rápidamente al borde del colapso?
Por colmo de males, en la mano hacia La Plata hubo otro choque, que se produjo en el kilómetro 25. Fue a la altura de Ezpeleta, en el límite entre Quilmes y Berazategui.
Por el siniestro fue necesario reducir la calzada y el tránsito comenzó a circular con importantes dificultades.
La situación se volvió todavía más compleja algunos kilómetros antes, donde otro incidente terminó de generar un verdadero cuello de botella para quienes se dirigían hacia la capital bonaerense.
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