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Vecinos aterrados: los Hornos, caldo de cultivo para el delito

Esta vez el foco de conflicto está depositado en tres barrios cerrados de esa localidad, donde sus habitantes enfrentan situaciones graves, que se volvieron costumbre. Hablan de robos permanentes y a cualquier hora
Acceso a La Nativa, una de las urbanizaciones en la mira del delito / Web

Por Redacción

Una localidad de más de 100 mil habitantes, con una sola comisaría, enfrenta una creciente ola de delitos que mantiene en vilo a distintas urbanizaciones privadas. Se trata de La Escondida, La Nativa y Latitud 34, donde denuncian robos reiterados, intentos de ingreso a viviendas y ataques durante la madrugada. El miedo llegó al punto de que algunas familias decidieron abandonar sus casas.

Los Hornos vuelve a quedar así en el centro de la preocupación por la inseguridad en La Plata. Se trata de una de las localidades más populosas de la Ciudad y que abarca un extenso territorio delimitado, aproximadamente, entre la avenida 131 y la Ruta 36, y desde la avenida 52 hasta la zona de 600.

En semejante extensión, los vecinos cuentan con una sola dependencia policial de referencia: la comisaría tercera.

En las últimas semanas, el reclamo volvió a tomar fuerza en distintos sectores. Vecinos de La Escondida, La Nativa y Barrio Latitud 34 aseguran que atraviesan una seguidilla de robos, entraderas e intentos de ingreso a viviendas que, lejos de detenerse, se repiten con una frecuencia cada vez mayor.

La situación, según describen los propios habitantes, se agravó durante el último mes y modificó por completo la vida cotidiana de las familias. El miedo dejó de ser una sensación ocasional para convertirse en parte de la rutina, especialmente durante la noche.

“Ya no alcanza con alarmas vecinales, cámaras ni llamados al 911. Tenemos miedo de dormir en nuestras propias casas. Cada noche nos acostamos preguntándonos quién será el próximo”, expresaron vecinos.

LA NOCHE, UNA PREOCUPACIÓN

Los episodios denunciados tienen un denominador común: delincuentes que aprovechan la madrugada para ingresar a los barrios y atacar viviendas cuando sus moradores se encuentran descansando.

Algunos vecinos aseguran incluso haber sido sorprendidos dentro de sus propias casas, en situaciones que describieron como traumáticas y de extrema violencia. El temor a una entradera convirtió acciones cotidianas -como dormir, salir de la vivienda o llegar de noche- en momentos cargados de incertidumbre.

Frente a la sensación de desprotección, los propios habitantes comenzaron a organizar sistemas de vigilancia comunitaria, con vecinos que permanecen atentos durante la madrugada para advertir movimientos sospechosos y alertar al resto de la comunidad.

Cámaras de seguridad, alarmas, grupos de WhatsApp y llamados al 911 se transformaron en recursos habituales para intentar prevenir los ataques. Sin embargo, los vecinos sostienen que la respuesta llega tarde o que los patrullajes son insuficientes para cubrir un territorio tan amplio.

La Nativa, Latitud 34 y La Escondida, las urbanizaciones donde el delito ya se hizo costumbre

Los damnificados aseguran haber radicado múltiples denuncias en la comisaría tercera y haber mantenido reuniones con autoridades policiales para plantear la gravedad del escenario.

Según relataron, después de esos encuentros se produjeron algunas recorridas de móviles policiales, aunque las consideran esporádicas y sin continuidad suficiente como para generar un efecto disuasivo.

El problema, plantean, no se limita a un hecho aislado sino a una sucesión de episodios que genera la sensación de que cualquier vivienda puede convertirse en el próximo objetivo.

Y esa incertidumbre ya está provocando consecuencias concretas.

Uno de los aspectos más preocupantes del reclamo es que algunas familias decidieron abandonar definitivamente sus propiedades ante el temor de sufrir un nuevo ataque.

Es decir, la inseguridad ya no sólo genera pérdidas económicas o daños materiales: comienza a modificar decisiones de vida, obligando a vecinos a evaluar si pueden continuar viviendo en el lugar que eligieron para construir su hogar.

La pregunta que atraviesa a muchos habitantes de estos barrios es tan sencilla como dramática: ¿Hasta cuándo se puede vivir con miedo dentro de la propia casa?

LA MEGATOMA

Los vecinos también expresaron especial preocupación por la cercanía con el predio conocido como la Megatoma de Los Hornos. En sus testimonios vinculan la proximidad territorial con el accionar de grupos delictivos, aunque esas afirmaciones deberán ser corroboradas por las investigaciones correspondientes.

Lo concreto es que, para quienes viven en los barrios cercanos, la percepción de instalada y se profundiza ante cada nuevo episodio.

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