El proyecto de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina (BCRA) que impulsa el Gobierno consiguió ayer dictamen en un plenario de comisiones en el Senado.
Aprobado sin cambios con relación a la versión que salió de la Cámara de Diputados el pasado 26 de agosto, el texto quedó en condiciones de ser sancionado en la próxima sesión de la Cámara Alta.
La firma del despacho se concretó durante un plenario de las comisiones de Economía Nacional y de Presupuesto y Hacienda en el que expusieron el presidente de la entidad monetaria, Santiago Bausili, y su vicepresidente, Vladimir Werning.
Durante su presentación, Bausili la iniciativa enviada por el Poder Ejecutivo y sostuvo que el proyecto “está disparado (sic) por argumentos económicos” y que “no tiene un origen político”.
Si bien advirtió que la Carta Orgánica del Central “no merece ser revisada permanentemente”, el funcionario justificó la reforma al señalar que el marco reglamentario vigente desde 2012 “ni siquiera pudo cumplir el objetivo número uno” que se había fijado en la ley “que es preservar el valor de la moneda”.
Además, defendió los principales lineamientos del nuevo texto y aseguró que la iniciativa “no implica afectar los depósitos de los argentinos”, sino que busca generar el efecto contrario, que es “fortalecerlos”.
Según Bausili, la propuesta replica “elementos básicos” presentes en las cartas orgánicas de bancos centrales de países que lograron combatir la inflación y aseguró que “no se trata de un experimento”.
Por su parte, Werning sostuvo que el objetivo de la reforma es “asociar nuestra legislación a lo que hacen los países exitosos”.
Críticas opositoras
Desde el kirchnerismo, el senador José Mayans (Formosa), criticó los cambios previstos en el proceso de elección y remoción de las autoridades de la entidad monetaria, consideró que la propuesta “es inconstitucional” y constituye “una vergüenza para la democracia argentina”. Según esta visión, la reforma pondría al Central “al servicio del poder económico”.
La reunión se puso tensa cuando la kirchnerista Juliana Di Tullio (Buenos Aires), contraatacó con una pregunta a los funcionarios nacionales: “¿Qué carajos hicieron con las 13 toneladas de oro?”.
El que recogió el guante fue Werning, quien reveló que el oro estuvo depositado en un banco suizo y que si en su momento la operación se mantuvo en secreto fue para evitar operaciones en contra del mercado.
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