El consumo masivo volvió a retroceder en septiembre y acumula una caída de 2,7% durante el 2026, con bajas que alcanzaron tanto a supermercados como a autoservicios y mayoristas.
Para una parte del sector, sin embargo, el escenario actual no responde únicamente a la pérdida de poder adquisitivo, sino también a la aparición de un “nuevo consumidor” y a una transformación de los hábitos de compra.
Según el último relevamiento de la consultora Scentia, el consumo masivo cayó 1,2% interanual en septiembre y 1% frente a agosto. En el canal mayorista, el retroceso fue de 3,4% respecto del mismo mes del año pasado, de 6,7% frente al mes anterior y acumuló una baja de 3,2% en lo que va del año.
Las diferencias también fueron importantes entre categorías: bebidas sin alcohol cayó 21,1% interanual, higiene y cosmética 9% y perecederos 8,6%, mientras que alimentación avanzó 3%.
Al respecto, el vicepresidente de la Cámara Argentina de Distribuidores y Autoservicios Mayoristas (Cadam), Armando Eugenio Farina, se refirió a la situación como una “tormenta perfecta” atravesada por menores volúmenes de venta, pero también por una reconversión más profunda en la forma de consumir.
Durante los años de alta inflación, comprar rápido funcionaba como una forma de anticiparse a nuevos aumentos o eventuales faltantes.
Esa lógica, según Farina, comenzó a desaparecer con la mayor estabilidad de precios: “La gente tenía que tomar una decisión rápida de consumo, porque lo que no conseguía en la góndola tenía que buscar una alternativa y -si lo conseguía- se lo llevaba de forma inmediata, porque sabía que al día siguiente el producto podía no estar o podía estar con otro precio”.
Pero ahora “los consumidores tienen en sus manos la herramienta del teléfono y se han convertido en profesionales de la compra”, afirmó el directivo de Cadam.
Frente a quienes atribuyen el retroceso al deterioro del poder adquisitivo y quienes advierten que la comparación se realiza contra un período en el que la inflación incentivaba a adelantar compras, Farina respondió que “los dos tienen razón”.
“Antes, los servicios se llevaban el 30, 32% del sueldo. Hoy los servicios se están llevando casi el 60%. Entonces, la gente reacomodó su gasto diario”, planteó. La diferencia -dijo- se vuelve particularmente visible cuando se compara el interior del país con la provincia de Buenos Aires, que contaba con mayores niveles subsidiados.
Aun así, desde CADAM no atribuyen todo el cambio a cuánto dinero queda disponible después de pagar los gastos fijos.
Los propios canales muestran la transformación: en el acumulado de 2026, los supermercados de cadena registraron una caída de 3,8%, los autoservicios independientes de 3,1% y los mayoristas de 3,2%.
En septiembre, en cambio, el comercio electrónico creció 30,5 por ciento interanual.
Para el especialista, esa divergencia muestra un fenómeno que excede la coyuntura argentina.
“No es una cuestión de plan económico. El mundo está cambiando porque la tecnología está cambiando al mundo”, afirmó.
La posibilidad de comparar precios, marcas y vendedores desde el celular aceleró en la Argentina un proceso que, según indicó, comenzó hace varios años en otros mercados.
La perspectiva para 2027 no parece mucho mejor. Para el empresario, el próximo año puede quedar condicionado por el proceso electoral y por una discusión que la Argentina todavía no logró cerrar: qué lineamientos económicos deberían mantenerse más allá del partido que gobierne.
“Creemos que el año 2027 puede ser un año complicado”, anticipó. Y agregó: “Argentina todavía sigue discutiendo su plan económico, y esa incertidumbre que genera esa discusión es lo que hace que el año próximo pueda ser difícil”, aunque confió en que la situación pueda mejorar en 2028.
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