La caída de Manuel Adorni no se produjo de un día para el otro. Fue el resultado de una secuencia de casi cien días de revelaciones, explicaciones incompletas y nuevos datos que fueron alimentando una investigación judicial y, al mismo tiempo, erosionando su margen político dentro del Gobierno.
El caso comenzó el 8 de marzo, durante el viaje de Javier Milei a Nueva York. La comitiva oficial visitó la tumba del rebe de Lubavitch, en Queens, y una imagen difundida por Radio Jai mostró un detalle que hasta entonces no había sido informado: Manuel Adorni había viajado acompañado por su esposa, Bettina Angeletti.
Durante las primeras 48 horas, el Gobierno evitó confirmar si Angeletti había integrado la comitiva y si había viajado en el avión presidencial. El silencio oficial hizo crecer la polémica en redes sociales y en los medios.
Al día siguiente, el 9 de marzo, el caso sumó otro dato. Se supo que Adorni y su familia también habían viajado en avión privado a Punta del Este durante el feriado de Carnaval. La controversia ya no giraba solo en torno al viaje oficial a Nueva York, sino también sobre el estilo de vida del funcionario.
LA DEFENSA DEL “ME ESTABA DESLOMANDO”
El 10 de marzo, Adorni habló públicamente del tema en una entrevista televisiva. Allí confirmó que su esposa había viajado en el avión presidencial y justificó su presencia con una frase que rápidamente quedó instalada en la discusión pública: dijo que él se estaba “deslomando” en Nueva York y que quería tener cerca a su “compañera de vida”.
También sostuvo que Angeletti lo ayudaba durante el viaje y que tenía una actividad propia para realizar en Nueva York, aunque no precisó de qué se trataba. Además, aseguró que ella había comprado su propio pasaje por 5.348 dólares, pero que no lo utilizó por un cambio en el itinerario de la comitiva oficial.
La explicación no cerró la polémica. Por el contrario, abrió nuevas preguntas sobre el uso del avión presidencial y sobre los gastos de la familia del jefe de Gabinete.
EL VIAJE A PUNTA DEL ESTE
El 11 de marzo apareció un video de Adorni y su familia subiendo al jet privado que los trasladó a Punta del Este. En las imágenes también se veía a Marcelo Grandio, periodista, amigo íntimo del funcionario y dueño de una productora con contratos con la TV Pública.
Un día después, el 12 de marzo, Grandio intentó explicar públicamente el viaje, pero sus declaraciones generaron más confusión. Primero dijo que él había invitado a Adorni a su casa. Luego sostuvo que viajar en un avión privado podía ser más barato que hacerlo en Aerolíneas Argentinas. También afirmó que “Manu lo pagó”, después que cada uno había pagado su parte y finalmente que Adorni lo había pagado “con plata del Estado”. Hasta hoy no se conocieron comprobantes que acrediten que el funcionario se hizo cargo de esos vuelos.
El 15 de marzo, en una entrevista, Adorni admitió un primer error y pidió disculpas por haber subido a su esposa al avión presidencial. Sin embargo, negó tener inconsistencias patrimoniales y sostuvo que cuatro días en Punta del Este habían sido “lo único” que se había permitido en un año y medio. Más adelante se conocerían otros viajes.
LA CASA DEL COUNTRY
El 19 de marzo, la diputada Marcela Pagano denunció que Adorni tenía una casa en el country Indio Cua que no figuraba en su declaración jurada. Un día después se confirmó, a partir de documentación catastral, que Bettina Angeletti había registrado a su nombre en noviembre de 2024 una propiedad en ese club de Exaltación de la Cruz.
Ese dato se volvió central porque la vivienda no había sido incluida en la declaración jurada presentada por Adorni en 2025. Recién la informó en mayo, cuando la investigación penal ya estaba en marcha. Luego también rectificó ese punto: dijo que por error la había consignado únicamente a nombre de su esposa, pero que correspondía declararla como un bien de ambos.
El 20 de marzo, la Justicia avanzó sobre el viaje a Punta del Este y obtuvo facturas de los vuelos de ida y vuelta. El tramo de ida, por 4.830 dólares, estaba a nombre de la productora de Grandio. El vuelo de regreso formaba parte de un paquete de diez vuelos comprado por el piloto Agustín Issin Hansen, quien luego se los revendió a Grandio por 3.000 dólares. La factura estaba fechada el 9 de marzo, el mismo día en que Pagni había revelado el viaje.
LA CONFERENCIA QUE NO DESPEJÓ DUDAS
El 25 de marzo, Adorni dio una conferencia de prensa en la Casa Rosada. Allí evitó dar precisiones sobre su patrimonio y respondió con tensión a las preguntas periodísticas. “Vos no sos juez”, le dijo a uno de los cronistas. También argumentó que dar explicaciones podía “entorpecer” la actuación de la Justicia, aunque no explicó de qué manera.
En esa misma conferencia aseguró que tenía “todo” declarado, reiteró que el viaje a Punta del Este lo había pagado él y confirmó que se había mudado a Caballito. Sin embargo, no precisó si se trataba de una propiedad propia. Ese mismo día se conoció, en base a documentación del Registro de la Propiedad Inmueble, que había comprado un departamento en Miró al 500 sin haber vendido el inmueble en el que vivía antes, en Parque Chacabuco.
Entre el 26 y el 27 de marzo declararon el piloto Hansen y su secretaria. Hansen confirmó que el vuelo de regreso desde Punta del Este había sido pagado por Grandio. Su secretaria agregó que Grandio había pedido que no le facturaran el viaje, que la empresa se negó y que luego él desconoció la factura. En plena declaración judicial, Grandio intentó comunicarse con ella por teléfono y mensaje.
LAS JUBILADAS QUE FINANCIARON EL DEPARTAMENTO
El 30 de marzo se conoció otra pieza clave del caso: la compra del departamento de Caballito. Según la documentación oficial, Adorni registró la operación en 230.000 dólares. En la escritura figuraba que las vendedoras, Claudia Sbabo y Beatriz Viegas, le habían financiado 200.000 dólares mediante un crédito hipotecario.
De acuerdo con esos documentos, el día de la compra Adorni solo pagó 30.000 dólares en efectivo. El resto quedó financiado por las vendedoras. El dato llamó la atención porque una de ellas, Viegas, jubilada de 72 años, dijo ante una consulta periodística: “No lo conozco”.
Ese episodio dejó abierta una de las preguntas centrales de la investigación: por qué dos mujeres financiaron sin intereses una operación inmobiliaria de semejante volumen a un funcionario al que, al menos una de ellas, aseguraba no conocer.
LA ESCRIBANA Y LA FRASE QUE MARCÓ EL EXPEDIENTE
El 8 de abril declaró en la causa la escribana Adriana Nechevenko, quien intervino en operaciones de Adorni. Su testimonio aportó nuevos detalles sobre la ingeniería patrimonial del jefe de Gabinete.
Según declaró, Adorni hipotecó por 100.000 dólares su departamento de Parque Chacabuco como garantía de un préstamo otorgado por dos policías. Ese dinero, afirmó, fue utilizado para pagar buena parte de la casa de Indio Cua, cuyo valor declarado fue de 120.000 dólares. También dijo que, al momento de comprar esa propiedad, Adorni pagó 20.000 dólares en efectivo.
La escribana se volvió rápidamente un personaje central del expediente por sus respuestas llamativas. Cuando le preguntaron por qué una de las vendedoras que había financiado el departamento de Caballito decía no conocer a Adorni, respondió: “Definime conocer”. También admitió que en los últimos dos años el funcionario había concretado tres operaciones inmobiliarias, mientras que en los quince años anteriores no había hecho ninguna. Su explicación fue otra frase que quedó asociada al caso: “Se le dio todo junto”.
VIAJE A ARUBA Y GASTOS EN EFECTIVO
El 15 de abril, la Justicia confirmó que Adorni había viajado con su familia a Aruba el 29 de diciembre de 2024. El dato volvió a poner bajo la lupa el contraste entre el discurso de austeridad y los gastos personales del funcionario.
Según las constancias incorporadas al expediente, la familia voló en categoría premium economy y pagó los gastos en efectivo. Los pasajes costaron 5.800 dólares y el hotel otros 8.874 dólares. La modalidad de pago llamó la atención de los investigadores.
UNA DEUDA POR FUERA DE LA ESCRITURA
El 22 de abril declaró Pablo Feijoo, señalado como una de las personas que habría intervenido en la compra del departamento de Caballito. Feijoo explicó que se había vinculado con Adorni porque sus hijos iban al mismo colegio y que su madre era una de las mujeres que figuraban como financiadoras de la operación.
Su testimonio agregó otro elemento sensible: dijo que había acordado con Adorni un pago adicional de 65.000 dólares por fuera de la escritura y que esa deuda todavía no había sido cancelada.
Más tarde, Adorni dio otra versión. Sostuvo que Feijoo era quien “tenía ese departamento” y que le ofreció mudarse allí. Según su explicación, habían acordado que le pagaría cuando vendiera su propiedad de la calle Asamblea. También dijo que el vencimiento de un año figuraba porque la ley obligaba a poner una fecha, pero que si no llegaba a pagar, Feijoo le extendería el plazo.
ADORNI EN EL CONGRESO
El 29 de abril, Adorni fue al Congreso para presentar su informe de gestión. Pero la discusión principal no estuvo puesta en la administración del Gobierno, sino en su situación patrimonial.
Allí afirmó que “nunca hubo ocultación alguna” de sus bienes. La frase quedaría debilitada semanas más tarde, cuando él mismo admitiría que había mantenido fuera de sus declaraciones juradas unos 500.000 dólares.
Ese día recibió un fuerte respaldo político. Javier Milei y Karina Milei lo acompañaron desde un palco, junto con otros funcionarios del Gabinete. El Presidente lo defendió con vehemencia y cruzó con insultos a legisladores opositores y periodistas.
LA ESCAPADA AL LLAO LLAO
El 3 de mayo se conoció otro viaje familiar: unas minivacaciones en Bariloche durante 2024, con alojamiento en el hotel Llao Llao. Según datos incorporados al expediente, el gasto total fue de 9.700.000 pesos, equivalentes a unos 6.900 dólares al tipo de cambio de ese momento.
Los pasajes habían costado 1.700.000 pesos. Los consumos en el hotel sumaron 3.100.000 pesos y el alojamiento por cinco días alcanzó los 4.900.000 pesos.
El dato volvió a instalar la discusión sobre el nivel de gastos del funcionario y su familia.
LA REFORMA, EL JACUZZI Y LA CASCADA
El 4 de mayo se produjo uno de los giros más fuertes de la causa. Ese día, mientras Adorni volvía a sostener públicamente que tenía todo declarado, declaró ante el fiscal Gerardo Pollicita el contratista Matías Tabar.
Tabar dijo que los Adorni lo habían contratado para hacer una reforma integral en la casa de Indio Cua y que le pagaron 245.929 dólares en efectivo. También aportó una planilla con el detalle de las obras.
Entre los trabajos figuraban una cascada para una pileta climatizada, apoyacabezas para un jacuzzi y una parrilla de 6.500 dólares. El contratista también declaró que, antes de su audiencia judicial, Adorni se había comunicado con él para ofrecerle la colaboración de sus abogados, propuesta que rechazó.
Ese testimonio agravó la situación del jefe de Gabinete porque incorporó al expediente una suma en efectivo muy superior a las que hasta entonces estaban bajo análisis.
EL RECLAMO INTERNO DE BULLRICH
El 6 de mayo, Patricia Bullrich le reclamó públicamente a Adorni que presentara “de inmediato” su declaración jurada de bienes. Fue la primera vez que una dirigente importante del oficialismo admitió que el funcionario debía dar explicaciones más claras sobre su patrimonio.
“Si no, el Gobierno se empantana”, advirtió Bullrich.
LOS DÓLARES NO DECLARADOS
El 10 de junio, Adorni dio la explicación que terminó cambiando el escenario. En una entrevista, admitió que había ocultado ingresos en sus declaraciones juradas por al menos 500.000 dólares.
Dijo que él y su esposa ahorraban “en negro, como todos los argentinos” y afirmó que estaba presentando ante la Oficina Anticorrupción las rectificaciones correspondientes. Según su versión, ese medio millón de dólares provenía de una inversión inicial de 200.000 dólares en criptomonedas, con la que habría ganado otros 300.000 dólares.
También aseguró que había vendido esas criptomonedas antes de asumir como funcionario y que recién ahora había encontrado en un viejo pendrive los certificados que respaldaban la operación.
LA DECLARACIÓN JURADA INCOMPLETA
El 11 de junio, Adorni presentó finalmente una nueva declaración jurada ante la Oficina Anticorrupción. Con las rectificaciones incorporadas, su patrimonio neto declarado trepó a 627,2 millones de pesos.
Sin embargo, la presentación volvió a quedar bajo cuestionamiento porque no incluyó el anexo reservado donde debía informar los bienes de su cónyuge y detallar cuentas, tarjetas y direcciones. Esa omisión mantuvo abiertas las sospechas y profundizó la presión sobre el funcionario.
EL CONGRESO AUMENTA LA PRESIÓN
El 12 de junio, el caso entró en una nueva etapa política. El kirchnerismo presentó en el Senado un proyecto para interpelar a Adorni y avanzar con una moción de censura que pudiera desplazarlo del cargo.
En Diputados, la oposición también había convocado a una sesión para discutir una estrategia similar. Por primera vez, el Gobierno enfrentaba una amenaza parlamentaria concreta. Sectores opositores y bloques dialoguistas empezaron a advertir que si Milei no lo removía, el Congreso podía avanzar contra él.
El oficialismo logró postergar una definición, pero el costo político ya estaba instalado.
SOMMIERS Y ROPA BLANCA
El 18 de junio apareció otro elemento inesperado. En el teléfono del contratista Matías Tabar se encontró una factura a nombre de Gisela Kocsis, funcionaria del Gobierno.
El documento daba cuenta de una compra en efectivo por 8.183.383 pesos en sommiers y ropa blanca. La mercadería fue enviada a la casa de los Adorni en el country Indio Cua. La operación se había realizado el 2 de junio del año anterior, cuando el matrimonio estaba equipando su residencia de fin de semana.
El dato sumó otra línea de investigación sobre quiénes pagaron gastos vinculados a la vivienda y con qué fondos.
EL OFICIALISMO VUELVE A BLINDARLO
El 24 de junio, la oposición intentó reactivar el caso en la Cámara de Diputados, pero volvió a chocar con el bloque del oficialismo y sus aliados.
La decisión generó ruido político incluso dentro de sectores cercanos al Gobierno. Esteban Bullrich renunció al PRO con una carta pública en la que cuestionó el auxilio legislativo a Adorni y reavivó las tensiones internas en el partido fundado por Mauricio Macri.
Al mismo tiempo, Diputados y el Senado pusieron en agenda el caso para tratarlo en comisión la semana siguiente. En la Casa Rosada ya admitían en privado que una interpelación podía ser “letal” para el jefe de Gabinete.
LAS COMPRAS CON TARJETAS AJENAS
El 26 de junio se conoció el último capítulo de la secuencia. Según la información publicada, en agosto del año anterior Adorni compró desde su cuenta de Mercado Libre un monitor gamer y dos proyectores para videojuegos por un total de 5.848.589 pesos, una suma superior a su sueldo de ese mes.
Lo llamativo fue que la compra, hecha desde la cuenta personal del funcionario, se habría pagado con tarjetas de crédito ajenas, pertenecientes a dos empleados públicos que trabajaban bajo su órbita en la Vocería Presidencial.
Ese dato terminó de profundizar el desgaste en momentos en que la presión judicial y política ya era máxima.
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